martes, marzo 14, 2006



WORLD PRESS PHOTO 2005.


El fotógrafo canadiense Finbarr O'Reilly gana la concesión del primero ministro

El jurado internacional de la 49.a competencia anual de la foto de la prensa del mundo seleccionó una imagen del color del fotógrafo canadiense Finbarr O'Reilly de Reuters como foto de la prensa del mundo del año 2005 . El cuadro demuestra que emaciated los dedos de un uno-año-viejo niño presionado contra los labios de su madre en una clínica de alimentación de la emergencia en Niger. Un enjambre devastador langostas y la sequía peor de de décadas dejó millones de gente cortos del alimento en el Estado africano. El cuadro fue tomado en Tahoua, Niger del noroeste, el 1 de agosto de 2005.

domingo, marzo 12, 2006






























Cuentos



INTRODUCCIÓN
Cuento, narración breve, oral o escrita, de un suceso real o imaginario. Aparece en él un reducido número de personajes que participan en una sola acción con un solo foco temático. Su finalidad es provocar en el lector una única respuesta emocional. La novela, por el contrario, presenta un mayor número de personajes, más desarrollados a través de distintas historias interrelacionadas, y evoca múltiples reacciones emocionales.
La evolución histórica del cuento es más difícil de fijar que la de la mayoría de los géneros literarios. Originariamente, el cuento es una de las formas más antiguas de literatura popular de transmisión oral. El término se emplea a menudo para designar diversos tipos de narraciones breves, como el relato fantástico, el cuento infantil o el cuento folclórico o tradicional. Entre los autores universales de cuentos infantiles figuran Perrault, los Hermanos Grimm y Andersen, creadores y refundidores de historias imperecederas desde Caperucita Roja a Pulgarcito, Blancanieves, Barba Azul o La Cenicienta.
ANTECEDENTES
Los cuentos más antiguos aparecen en Egipto en torno al año 2000 a.C. (véase Literatura egipcia). Más adelante cabe mencionar las fábulas del griego Esopo y las versiones de los escritores romanos Ovidio y Lucio Apuleyo, basadas en cuentos griegos y orientales con elementos fantásticos y transformaciones mágicas. Junto a la eternamente popular colección de relatos indios conocida como Panchatantra (siglo IV d.C.), la principal colección de cuentos orientales es sin duda Las mil y una noches. Cada noche, por espacio de mil y una, Scheherazade se salva de morir a manos de su marido, el sultán, contándole apasionantes cuentos recogidos de diversas culturas. La influencia de esta obra fue decisiva para el desarrollo posterior del género en Europa.
Durante la edad media se escriben en Europa occidental numerosos relatos de tema y estilos diversos. Los romances de caballeros, en prosa o en verso, fueron muy populares en Francia. El poeta inglés Geoffrey Chaucer y el italiano Giovanni Boccaccio conservaron y desarrollaron lo mejor de la tradición antigua y medieval en sus variadas historias escritas en prosa y verso: fábulas, epopeyas de animales, ejemplos (cuentos de carácter didáctico-religioso), romances, fabliaux (cuentos eróticos y de aventuras) y leyendas. Los Cuentos de Canterbury de Chaucer, El libro del conde Lucanor del infante Don Juan Manuel y el Decamerón de Boccaccio, que figuran entre lo más destacado del género, están claramente inspirados en Las mil y una noches.
A partir de Boccaccio, la narración breve en prosa de carácter realista conocida como novella se desarrolla en Italia como forma artística. La influencia de este autor se deja sentir en Francia en Las cien nuevas novelas (c. 1460), una serie de cuentos en prosa de autor anónimo y carácter burlesco, y el Heptamerón (c. 1549) de Margarita de Navarra. También en Francia, durante el siglo XVII, Jean de La Fontaine escribió fábulas en verso basadas en el modelo de Esopo.
En obras como Las mil y una noches, el Decamerón y el Heptamerón se reafirma el significado de la palabra ‘cuento’ desde el punto de vista etimológico: computum, cómputo. Un cuento sucede a otro en un proceso acumulativo que difiere la llegada de la muerte (Las mil y una noches) o evita enfrentarse con la realidad de la peste que asola a Florencia (Decamerón). Proceso semejante, aunque distante, es el que se cumple en las ruedas de amigos contando chistes (considerado, por otra parte, otra forma del relato breve). El mundo de la ficción narrada permite separarse por un tiempo de los azares de la vida cotidiana
EL SIGLO XIX
El cuento tal como lo conocemos hoy alcanza su madurez a lo largo del siglo XIX en las numerosas publicaciones aparecidas en las revistas literarias, que a menudo reflejan las principales modas de la época. Durante el romanticismo destacan los relatos de Heinrich von Kleist y E.T.A. Hoffmann en Alemania; Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne en Estados Unidos, y Nikolái Gógol en Rusia. El realismo florece en Francia durante la década de 1830 y hacia finales del siglo desemboca en el naturalismo, basado en la posibilidad de predecir científicamente las acciones y reacciones humanas. Otras influencias estilísticas dignas de mención en el relato del siglo XIX son el simbolismo y el regionalismo.
Estados Unidos
Hasta la llegada del siglo XIX el cuento tiene como elemento principal la narración de determinados acontecimientos. A partir de este momento, los escritores se interesan más por las motivaciones de los personajes que por los propios sucesos. Simultáneamente, su atención se dirige hacia una economía narrativa: estructuración elaborada de los hechos, exclusión de todo material secundario, control estricto del punto de vista y concisión. Edgar Allan Poe fue el primer escritor que definió de este modo el relato y demostró su teoría artística en algunos de sus propios cuentos, manipulando el escenario, los personajes y los diálogos para crear inexorablemente en el lector el estado de ánimo propicio para el crimen perfecto. La brevedad y la necesidad de condensación recomendadas en principio para el cuento demuestran su parentesco con la poesía. Prueba de ello es que la Filosofía de la composición de Poe parte del análisis de su poema “El cuervo”: los rasgos apuntados en el texto se convirtieron en la base teórica para la caracterización del cuento, tal como se lo entiende actualmente. Los cuentos de Hawthorne, por su parte, ponían seriamente a prueba el carácter y la importancia moral de los hechos, ofreciendo una descripción ambigua de su realidad física.
Henry James, uno de los principales maestros del género, cuya influencia se deja sentir en varias generaciones de narradores, destacó la importancia de una “inteligencia central” para configurar y filtrar los elementos del relato. En algunos de sus relatos James se sirve del narrador para transmitir una sensación de proximidad y realismo psicológico, mientras que en otros, como “El fajo de cartas”, experimenta con el punto de vista para presentar la historia a través de una serie de cartas escritas por seis personas que viven en una pensión francesa
Alemania
El relato heredero de la novella italiana se desarrolló en Alemania con autores como Hoffmann, Kleist y Theodor Storm. La novella se centra en un único acontecimiento de carácter extraordinario que afecta a uno o más personajes y concluye de manera sorprendente a partir de un giro significativo en la historia.
Rusia
Durante la primera mitad del siglo XIX los cuentos rusos se ocupan de hechos fantásticos o sobrenaturales, y abundan en ellos, como en otras literaturas europeas, los relatos de fantasmas, apariciones y seres de otros mundos. Posteriormente se desarrolló una corriente realista que analizaba los pensamientos y emociones del ser humano o criticaba la sociedad de su época. Entre los principales autores del género cabe citar a Lérmontov, Turguéniev, Tolstói y Chéjov. Gógol influyó en el desarrollo posterior del género al fundir el sueño y la realidad en El abrigo, la historia de un insignificante oficinista que se derrumba psicológicamente cuando le roban su abrigo nuevo y más tarde regresa de entre los muertos convertido en fantasma con el propósito de hacer justicia. La influencia de Gógol se observa en El cocodrilo de Dostoievski, donde un funcionario es devorado por un cocodrilo y comienza a desarrollar sus teorías económicas desde el vientre del animal. Los relatos realistas de Tólstoi se inscriben en una línea diferente dentro de la ficción rusa. Así, por ejemplo, en La muerte de Ivan Illich analiza los pensamientos y emociones de un hombre a punto de morir, al tiempo que critica la frivolidad de la familia y amigos, que se niegan a afrontar la realidad de la muerte. Pero, sin duda, el maestro de la ironía fue Chéjov. Para Chéjov el personaje es más importante que la trama. En El ataque al corazón un cochero intenta transmitir a sus pasajeros el dolor que siente ante la muerte de su hijo, pero el único que le escucha es su caballo. En Vania un niño escribe a su abuelo pidiéndole que lo rescate de sus duras condiciones de vida, pero envía la carta sin la dirección correcta y sin sello.
Francia
Durante el siglo XIX Honoré de Balzac y Gustave Flaubert, más conocidos por sus novelas, escribieron también cuentos que gozaron de un amplio y merecido reconocimiento. Prosper Mérimée, por su parte, puso todo su talento al servicio del relato. Pese al estilo desafectado y fluido de sus obras maestras (Colomba o Carmen), Mérimée logra expresar la pasión en toda su fuerza. El maestro del relato naturalista en Francia fue Guy de Maupassant, autor de más de 300 cuentos en los que pone de manifiesto su talento para encontrar un perfecto equilibrio entre la economía y la estructura formal del relato. Tomados en conjunto, sus relatos ofrecen una detallada descripción de la sociedad francesa de finales del siglo XIX.
EL SIGLO XX
A partir de 1900 se ha publicado una enorme cantidad de cuentos en casi todas las lenguas. Los experimentos temáticos y narrativos rivalizan con la maestría en el arte de narrar cuentos a la manera tradicional, como se observa en la obra del escritor inglés Somerset Maugham. Discípulo de Maupassant, Maugham figura entre los escritores de cuentos más prolíficos y populares. La mayoría de los países cuentan al menos con un gran escritor de relatos en el siglo XX. Cabe mencionar a la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, en cuyo personal estilo se deja sentir la influencia de Chéjov. El gran talento de Mansfield para captar y reflejar las ironías de la vida ha servido de estímulo a varias generaciones de escritores.
Estados Unidos
En ningún otro país el cuento ha cuajado tan ampliamente como en Estados Unidos. Entre los principales autores del siglo cabe citar a Mark Twain, Stephen Crane, Ernest Hemingway, William Faulkner, Isaac Asimov y Raymond Carver.
Otras tradiciones
A lo largo del siglo XX se han escrito cuentos en todas las lenguas europeas, así como en las lenguas de Asia, Oriente Próximo y algunas lenguas africanas. Una lista que incluyera sólo a los principales exponentes del género resultaría ya excesivamente larga. Entre los más sugerentes y cautivadores cabe citar al escritor checo Franz Kafka. En sus relatos, la realidad se funde magistralmente con la fantasía, al tiempo que aborda temas siempre vigentes como la soledad humana, la ansiedad y la relación entre el arte y la vida.
La rica tradición yidish continúa influyendo en la literatura contemporánea. Destaca en este sentido la obra de los judíos centroeuropeos, entre los que cabe mencionar al escritor de origen polaco Isaac Bashevis Singer.
Los autores del África subsahariana, ya sean negros o blancos, comparten invariablemente la fusión de fantasía, realidad y compromiso político. Son de destacar en este ámbito los Cuentos africanos de Doris Lessing o los Cuentos escogidos de Nadine Gordimer.
Los cuentos asiáticos se mueven entre la fidelidad a la tradición y el experimentalismo contemporáneo. Los autores más conocidos en Occidente son el japonés Yukio Mishima y el indio Rabindranath Tagore.
El cuento en el ámbito hispano
El romanticismo, que da una nueva vida al elemento maravilloso como soporte fundamental del cuento, tiene su principal exponente en España en la figura de Gustavo Adolfo Bécquer. En la primera mitad del siglo XIX el género se desliza hacia el costumbrismo y adquiere plena carta de naturaleza en la literatura de la segunda mitad del siglo. Sobresale en este periodo la figura de Fernán Caballero, seguida de importantes cuentistas como Leopoldo Alas Clarín, Juan Valera y Emilia Pardo Bazán. A finales del XIX el cuento queda plenamente liberado de su significado primigenio y se sitúa en un plano semejante al de la novela, permaneciendo vivo en la obra de una serie de escritores que identifican el relato breve con la obra de sabor popular. Tras la Guerra Civil conoce un nuevo florecimiento con autores como Ignacio Aldecoa, Ana María Matute, Álvaro Cunqueiro o Juan García Hortelano, y en los últimos años Carlos Casares, Javier Marías, Cristina Fernández Cubas o Quim Monzó.
Aunque el cuento hispanoamericano nació a finales del siglo XIX con Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, la atención de la crítica se ha centrado principalmente en la nueva literatura latinoamericana, convertida acaso en el fenómeno literario más destacable y fecundo del siglo XX. El escritor argentino Jorge Luis Borges examina la condición humana de un modo que recuerda en cierto sentido a los mitos de Kafka, y su influencia en la literatura universal es comparable a la del escritor checo. En los cuentos de Borges, lo fantástico aparece siempre vinculado al juego mental, y sus elementos recurrentes son el tiempo, los espejos, los laberintos o los libros imaginarios. Entre sus principales libros de relatos cabe mencionar Historia universal de la infamia (1935), El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944), El Aleph (1949) o El libro de arena (1975). El argentino Julio Cortázar, influido directamente por Poe y muy cercano al surrealismo francés, plantea en sus cuentos la existencia de dos espacios paralelos: el real y el sobrenatural. Sus principales libros de relatos son Bestiario (1951), Historias de cronopios y de famas (1962) y Octaedro (1974). Dentro de la tradición literaria argentina relacionada con la evolución del cuento, debe citarse a Horacio Quiroga, autor de un “Decálogo” en el que fija las pautas que ha de seguir un buen cuentista: brevedad, concisión, huida de lo ampuloso, ambigüedad, entre otras. En el panorama iberoamericano deben ser citados nombres como el de la brasileña Clarice Lispector, el colombiano Gabriel García Márquez, la chilena Isabel Allende, el uruguayo Juan Carlos Onetti o el mexicano Juan Rulfo. En la obra de este último lo inverosímil y mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico. Esta nueva concepción de lo literario se ha dado en llamar realismo mágico.

sábado, marzo 11, 2006

el ordenador en la escuela
inconvenientes y ventajas

"Un alumno, un ordenador". En esta breve sentencia podríamos resumir nuestro pensamiento después de llevar a cabo tan extenso trabajo. Después de revisar teorías, avances científicos, aparatos, investigaciones, etc., y de realizar encuestas en nuestros semejantes, llegamos a la conclusión que la informática, y en especial los ordenadores personales deben ser acercados a los alumnos y no esperar a que los alumnos se acerquen a ellos de una forma más o menos "incontrolada".
Es tal el nivel de informatización de nuestra sociedad que una persona que dentro de cinco, diez años o menos desconozca manejar un ordenador será un nuevo tipo de "analfabeto". Misión de la escuela es alfabetizar; pero no sólo enseñar a leer y a sumar. Debe ser una "preparación para la vida", y como tal, los docentes no debemos apartarnos de lo que hay más allá de los muros de la escuela. La sociedad es la que debe entrar en los centros educativos.
La Enseñanza Asistida por Ordenador es casi una "ciencia" que esta naciendo. Por ello, la formación de los futuros maestros debe dar gran importancia a este nuevo concepto de enseñanza. Una enseñanza que integra conocimientos y su puesta en práctica, que entremezcla audio, vídeo, texto, etc., en sus capacidades (multimedia), que, en suma, acerca al alumno al mundo de los sentidos, más allá de los clásicos libros de texto y la pizarra.

¿El ordenador como un peligro? Pensemos que el peligro no sólo está delante de esos aparatos de color blanquecino. Toda la realidad es un mundo plagado de peligros para nuestros alumnos. Más no podemos seguir adelante en estas conclusiones sin realizarnos una pregunta clave: ¿Es bueno el ordenador en la educación de los niños?

¿Es bueno el ordenador en la educación de los niños?
A FAVOR
EN CONTRA
El ordenador atrae a los niños y les incentiva en determinadas tareas
Les engancha y quita tiempo para otras actividades
Con él, exploran el mundo mejor que con otros medios
No aporta nada a medios clásicos, como el profesor o un buen libro
Desarrolla habilidades útiles para desenvolverse en la vida
Las destrezas que desarrolla se pueden conseguir por otros medios
Su uso prepara para un futuro en el que el ordenador será predominante
Los ordenadores del futuro no funcionarán como los de ahora
Crea una nueva forma de interactuar para el profesor
Exige al profesor una formación que puede no tener o no querer tener
Fomenta la seguridad de los niños; si se equivocan, pueden retroceder.
En la vida real es muy posible que los errores sean irreparables.
Son aparatos modernos y útiles
Son aparatos y programas complejos que se estropean con facilidad.
Tiene posibilidades multimedia: imágenes, animaciones, sonidos...
Los programas muchas veces no cumplen lo que prometen
Con Internet, un mundo de saberes se pone al alcance de los niños.
Y también un mundo entero de contenidos nocivos.
Internet favorece el aprendizaje de idiomas.
En Internet está casi todo en Inglés.
Naturalmente, a todos estos puntos se puede argumentar a favor o en contra. Pero el punto que más interés nos ha despertado ha sido INTERNET. Jamás en la historia de la humanidad un "invento" militar ha calado tan profundamente en la sociedad mundial. Internet, algo más que un medio de comunicación permite múltiples aplicaciones dentro de un aula. Internet sirve para múltiples cosas, entre ellas, explorar el mundo y conocer el futuro. Dará, sin lugar a dudas, un nuevo punto de vista totalmente diferente a lo que es el mundo en el que viven hasta el momento. Tal vez los ordenadores del mañana poco o nada tengan que ver con los actuales, pero los docentes, en nuestra labor como "creadores" de unas nuevas generaciones de hombres y mujeres del mañana hemos de preparar a todos los niveles a nuestros alumnos. Y no debemos olvidar la realidad... Y la realidad y el futuro es un ordenador


viernes, marzo 10, 2006

































EL CINE NO SERIA CINE
SINO FUERA POR FRANK CAPRA


«Capra no sólo ha conseguido un lugar distinguido en esa selecta compañía de directores de cine realmente espléndidos, hombres como Bill Wellman, Fred Zinneman, George Stevens, George Seaton, Billy Wilder, Henry Hathaway, el difunto Leo McCarey y (en el extranjero) Jean Renoir, Fellini, De Sica, Sir Carol Reed y David Lean. Encabeza la lista como el más grande director cinematográfico del mundo» (John Ford, 1971)
No sé que ocurre últimamente con el recuerdo de Capra y sus películas, no sé ciertamente lo que hace que cotice tan a la baja en la bolsa de lo cinéfilamente chic, de lo que se lleva o lo que no en cuestiones de nostalgias, criterios y argumentos. Supongo que es una moda de las que igual que vienen se van solas, pero solo se queda uno con “la abuela” Capra, con el simplista, con el complaciente optimista, con el patriotero americano, con el petulante autobiógrafo, con el menor de los mayores y su, absurdamente, suicida defensa. Para empezar hablemos claro: Frank Capra es uno de los más grandes de la historia del cine. El creador, artífice, padre y dios de ¡Qué bello es vivir! (It´s a Wonderful Life, 1946), Caballero sin espada (Mr. Smith goes to Washintong, 1939), Sucedió una noche (It happened one night, 1934), Juan Nadie (Meet John Doe, 1940), Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, 1944), Un gangster para un milagro (A pocketful of miracles, 1961), El secreto de vivir (Mr Deed goes to town, 1936) Horizontes perdidos (Lost horizons, 1937) o La amargura del General Yen (The bitter tea of General Yen, 1932), no merece bajar un escalón ante nadie. Él estaba hecho del material con el que se hace los sueños como también lo estaban Howard Hawks, John Ford, Akira Kurosawa, Alfred Hitchcock, Raoul Walsh, Buster Keaton o Roberto Rossellini por poner ejemplos significativos de esos dioses antiguos que pueblan el mío. Cada uno tiene el suyo y cada uno tiene su criterio, pero yo les hablo de películas, de cine, del semen que hizo al niño feo que aún es (o que, desgraciadamente, ahora es), de hechos empíricos, de obras consumadas. Y el cine de Capra sólo es simplista para los simplistas que no ven más allá de la pantalla y que aún creen que 4 + 4 son 8, Capra solo es reduccionista para los maestros de reducir, de esquematizar, de bocetar ideas, paradójicamente, de muy reducidas miras. Por que el señor Frank Capra era el maestro de la ambivalencia y la contradicción (1) y aunque sus finales fueran cerrados y felices dejaba abiertas todas las puertas posibles a la reinterpretación. ¿Cómo sería la carrera política de Mr Smith? ¿Hasta cuando será posible la relación entre John Doe y la periodista encarnada por Barbara Stanwyck? ¿Después de haber visto el conformismo natural de los demás, variaba algo realmente que George Bailey hubiera nacido en Bedford Falls o en Pottersville? Capra defendía unas ideas y aportaba los argumentos para demostrar sus tesis, pero las refutaciones de cada uno de estas no eran tan meridianas como pudiera parecer por los finales felices, sino que en todo momento pone las dudas sobre el tapete de la propia existencia. Y volviendo a los ejemplos anteriores ¿No dudan tanto Mr Smith como John Doe o George Bailey sobre su honestidad, sobre sus elecciones o sobre su propia vida? ¿En que otras obras está tan presente el suicidio como única salida, como abdicación vital, como manera de arrojar la toalla sudada a la cara de los enemigos que en la del director siciliano? En el cine de Capra sus personajes no son ganadores en un mundo de perdedores sino dignos perdedores en un mundo de tramposos condenados a un fracaso aún mayor al que cualquier victoria o cualquiera derrota les pudiera deparar.. Los directores de cine de aquella época se acercaban muchas noches a Broadway y veían un acto de 3 obras diferentes por día. Iban apresuradamente de un teatro a otro y si algo de lo que veían les gustaba mucho volvían al día siguiente a contemplar la obra entera. En una de esas noches Frank Capra vio el primer acto de la comedia de Hart y Haufman y no volvió al día siguiente. La vio entera y quedó fascinado. Entonces vinieron los problemas con Harry Cohn y las amenazas de querellas, puñetazos, dimisiones y expulsiones. Y en plena disputa, y para enlazar con las contradicciones, Capra le dijo que sólo volvería a rodar para Columbia si le compraba los derechos de la obra que tanto le había gustado. El precio era ciertamente abusivo (200 millones de dólares de la época) y Cohn le replicó que por ese precio no compraría ni la Segunda Avenida. Luego dijo que sí y Capra pudo ganar su último oscar.
Y para Capra esta película era importante, era fundamental, porque le permitía seguir indagando en la bidimensionalidad del hombre bueno y del hombre malo, del héroe y del villano, del sí y del no. La historia de amor imposible entre el hijo del rico embargador y la nieta del humilde embargado le daba todas las piezas maestras para cambiar la plana y maniquea obra de teatro, que no he visto pero que ciertamente me imagino. El enfrentamiento entre el hombre integro y libertario y su especuladora y reaccionaria antítesis, se diluye, se difumina, se contaminan. Y al final aunque gane el bien, como era de esperar de este (no sabemos si por condición o por convicción, por profesión o procesión) optimista para nada moralizante, inherente a su genuina visión del hecho cinematográfico, el mal demuestra que tampoco era tan malo y que siempre es posible la redención si te replanteas tus propios axiomas. El señor Kirby, como en realidad lo era el pérfido Potter, es un hombre rico condenado a la soledad (de antología la escena en la que por fín es consciente de ello) que confiere tener todo el mundo subordinado, un viejo que viendo con el rabillo de ojo las últimas curvas de su camino decide quitarse la piedrecita del zapato. El señor Vanderhof es el patriarca de una gran familia donde todos hacen lo que quieren hacer aunque sus habilidades no estén acordes con su empeño. Escribir obras de teatro inacabadas, construir fuegos artificiales durante todo el día, tocar incansable y nefastamente el xilófono, bailar sin ritmo, traer hielo y quedarse, entrar y quedarse, mirar y quedarse. Y daban ganas de quedarse aunque, sinceramente, sólo un ratito.
La familia Vanderhof más que una metáfora al uso de la imaginativa y dolorida sociedad norteamericana es una extrapolación de unos rasgos distintivos que conforman la variedad y la mezcolanza de diversas etnias, culturas y caracteres de dicha simbiosis. Kirby no es una representación de los poderes fácticos predominantes y manipuladores sino lo que les une, el espíritu colonizador de apacaradoras consecuencias y dimensiones faraónicas e imperiales. Al final la conciencia le puede y sacrifica ese pálpito por el bien común de todos y cada uno, alejándose de todos los ismos políticos que van llegando de la vieja Europa. Capra tenía muy claro que ni fascismo ni comunismo podrían ser la salida, pues ninguna de las dos ideologías respetaban la variedad y el deseo de ser libre, independiente y autónomo, sin ataduras externas ni internas para comportarse tal y como uno mismo es. ¿Utópico o conformista?¿Optimista o pesimista? ¿militante o quimérico? Cada cual puede tener su respuesta.
Sí puede considerarse Vive como quieras como un ejercicio nostálgico (2) que reclama un pasado idílico y puede ser que imaginario y sólo presente en la gran pantalla. La “high comedy” mediante las mejores técnicas cinematográficas se había encargado de presentarnos una sociedad feliz a la vez que despreocupada, ociosa al mismo tiempo que segura de sí misma, una sociedad virtual que gente como Capra, Cukor, Lubistch, Sturges o La Cava se encargaron de elevar a la categoría de arte y a los personajes que ellas habitan, al nivel de paradigma. Por eso Susan Vance desmorona el brontosaurio (el animal extinto) de David Huxley. Por eso tenemos claro con quién tiene que casarse la Tracy Samantha Lord de Historias de Philadelphia (The Philadelphia Story, 1940). El “New deal” de Rooselvelt también tenía que ver lo suyo en todo este entuerto y es por eso que en una época en la que fueron tan frecuentes las deserciones, los suicidios y los abandonos del hogar, los Vanderhof se nieguen a abandonar su casa. Por eso y porque es lo único que les permite mantenerse unidos entre sí mismos y con el pasado. El futuro ya no importaba incluso mucho antes que vinieran Sid Vicious y Johnny Rotten para proclamarlo.
Los académicos debieron ver la cara dulce de esta amarga sinfonía, se tuvieron que quedar con el final y con las gracias de los desgraciados. Pero en el fondo esta película se caracteriza por la cantidad de giros dramáticos que van descolocando al espectador de 1938 y al espectador del 2003. Y sigue viva, sin apenas haber envejecido, sin querer darle la razón a los que niegan y reniegan de Capra y su dulzor inacabable. Supongo que dentro de 10 años estará de moda nuevamente y entonces será Fellini el damnificado, quizá Antonioni vuelva a ser considerado un genio y Howard Hawks sólo un artesano, tal vez alguien se acuerde de Losey y se olvide de Kubrick. Puede, quién sabe, que incluso Greenaway sea considerado el mejor director de los noventa y Woody Allen un botarate repetitivo, pero mientras esto ocurre o deja de ocurrir, los que descubrimos el cine con Capra, los que nos enamoramos del cine cada vez que vemos una película de Capra, los que defendemos el cine de Capra, estaremos de enhorabuena por ésta y otras muestras de su genialidad i-m-p-e-r-e-c-e-d-e-r-a.
(1) En una de las más agudas reflexiones sobre el cine de Frank Capra, Terry Curtis Fox lo definía como una masa de contradicciones cabalgando en un yo-yo. (2) Decía Sabina (y sé que últimamente no está muy de moda citarlo)



EL CINE DE PROTESTA SOCIAL DE FRANK CAPRA


A menudo se tacha el cine de Frank Capra de ingenuo, ternurista y demasiado bienintencionado. ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946), considerada habitualmente su obra cumbre, es precisamente la película que suele usarse para apoyar estas acusaciones. Aparentemente, es una fábula navideña cuyo mensaje positivo (por no hablar de la ausencia de derechos de exhibición que pagar) la convierte en una película ideal para que las cadenas de televisión la programen cada Navidad hasta la náusea. Pero, ¿es realmente ¡Qué bello es vivir! una película tan positiva e inofensiva como tradicionalmente se la considera? ¿Es el cine de Frank Capra tan ingenuo como se dice? En una época como la actual, tan poco dada a las sutilezas y en la que todo ha de ser blanco o negro, es difícil defender segundas lecturas o señalar ambigüedades, pero en el caso de Capra nada es tan sencillo como podría parecer leyendo las cuatro frases con las que normalmente se despachan las crónicas de las películas.
La filmografía de Capra gira de forma recurrente en torno a los mismos conceptos: la bondad, la humildad, la solidaridad, la búsqueda de la felicidad, pero también de la lucha por la justicia, el combate contra los corruptos, los avariciosos, los ambiciosos y los manipuladores y, sobre todo, el sacrificio personal en favor del bien de los individuos. En Vive como quieras (You Can’t Take It with You, 1938) retrata su filosofía de la vida, que se resume en vivirla con placer y en procurar que los demás también puedan hacerlo; algo tan sencillo como revolucionario (no en vano a los protagonistas de la película se les detenía y acusaba de ello), puesto que es un concepto radicalmente opuesto a la ideología capitalista que prima la competencia, la ambición, el éxito de unos... a cambio necesariamente de la ruina o, al menos, la mediocridad de otros. En la América del New Deal, que a duras penas lograba salir de la Depresión, estas ideas podían ser reconfortantes para el público mayoritario, pero no dejaban de tener un poso político en absoluto despreciable; si bien Capra siempre se mantuvo al margen de los compromisos políticos (y ha sido calificado, según las épocas y las personas, de reaccionario, apolítico, nihilista, chauvinista y hasta de fascista), su cine es inseparable de las inquietudes propias de la época de Franklin D. Roosevelt.
Capra era sin duda un idealista, pero su actitud no era una pose, él estaba convencido de que la bondad se hallaba en todas las personas y de que ésa era la fuerza que podía hacer cambiar el mundo, aunque fuera a partir de actos individuales. No abogaba por doctrinas sociales o ideologías políticas, simplemente creía en el individuo, aunque su individualismo no tiene nada que ver con el feroz egoísmo propio del capitalismo (puesto que cree en la solidaridad y la amistad), ni tampoco con el cínico nihilismo de las ideologías totalitarias (puesto que tiene una fe total en la democracia). Su sinceridad es lo que hace que sus películas no resulten azucaradas ni sensibleras (aparte de su extraordinario talento como cineasta). Pero hay algo más que lo aleja de la ñoñería: él era consciente de que nada se conseguía si no era mediante el esfuerzo y el sacrificio personal.
En 1939 estrena Caballero sin espada (Mr. Smith Goes to Washington), aún hoy un emocionante alegato a favor de los principios básicos de la democracia rodado en un momento en que ésta se batía en retirada y era menospreciada frente a las ideologías fascistas, nazis y también comunistas que propugnaban la llegada de un hombre nuevo, perfecto y puro (a cambio, por supuesto, de la destrucción del orden "caduco"). Capra quiso lanzar un filme claramente propagandístico (que no patriotero), en que se ensalzan los valores bajo los que se fundó su amadísimo país de adopción: "Un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo". Pero tuvo la osadía de presentar como principal amenaza de la democracia americana al enemigo interior: los oligopolios, los potentados capaces de gobernar un estado al margen de la voluntad popular y de controlar como marionetas a los congresistas y senadores de Washington; y la demagogia, la manipulación informativa y la difamación como medio de llevar a la opinión pública hacia donde convenga a los poderosos. Frente a la amenaza exterior del fascismo, Capra se atreve a señalar con descaro a las grandes corporaciones y los manipuladores mediáticos como los primeros y más peligrosos enemigos de la sociedad americana.
En esa película, James Stewart interpreta a Jefferson Smith, un personaje que sacrifica su crédito personal en una lucha sin esperanza contra la manipulación corrupta de un potentado interpretado por Edward Arnold. Stewart encarna al héroe capriano prototípico: un hombre sencillo, anónimo, de valores intachables, que es capaz de ofrecer su propia vida (en este caso metafóricamente) en favor de los demás, aunque la victoria sea inalcanzable.

La película tiene un final feliz, en el que Smith consigue destapar públicamente la amenaza de la corrupción en el Capitolio; aún así, no resulta difícil imaginarse una conclusión de la historia en que Mr. Smith fuera derrotado y optara por el suicidio como única salida posible. De hecho su actitud es un suicidio político, y el suicidio también planea en torno al personaje del senador encarnado por Claude Rains, la otra cara de la moneda de Smith: su derrumbe final es el que precipita la resolución, porque en el fondo es su lucha interior la que sostiene la tensión argumental.
Precisamente el suicidio o el abandono ante la derrota (o la tentación de dejarse vencer) es una constante en la obra de Capra, y es el tema que aparece como eje central de su siguiente película: Juan Nadie (Meet John Doe, 1941). Es en cierta forma una vuelta de tuerca al argumento de El secreto de vivir (Mr. Deeds Goes to Town, 1936), primera película de mensaje claramente social de Frank Capra; pero frente al alegato contra la mezquindad y a favor de la ingenuidad en que se constituía ésta, Juan Nadie muestra una evolución hacia el escepticismo. Va más allá en la línea de alegato político de Caballero sin espada, ya que esta vez el potentado que interpreta de nuevo Edward Arnold no es un simple corrupto que se contente con manejar las decisiones políticas a su favor: es un individuo de ideología inequívocamente fascista que pretende llegar él mismo al poder mediante la demagogia, manipulando los sentimientos de las masas con falsas promesas, convencido de que América necesita "mano dura" y que incluso se sirve de un grupo de motoristas paramilitares para apoyar sus propósitos mediante la intimidación y la violencia. La película es la más siniestra de su autor y deja entrever sin lugar a dudas un creciente pesimismo en las convicciones de Capra, porque bajo el aparente mensaje de que el pueblo siempre recuperará el sentido común a pesar de los intentos de manipularlo subyace la convicción de que la estupidez y alienabilidad de las masas es el principal punto débil de la democracia (la película se rodó a mediados de 1940, momento en que el totalitarismo parecía a punto de triunfar definitivamente en Europa).
Juan Nadie debía haber sido la obra cumbre de su director, y se puede decir que lo fue... hasta los últimos quince minutos de la película. Capra y el guionista Robert Riskin no supieron acabarla; no es una opinión subjetiva: el mismo Capra lo reconoció abiertamente. Por muchas vueltas que le dieron, ninguno de los responsables supo resolver el conflicto argumental (llegaron a hacer preestrenos con tres finales distintos), porque como muy bien sabían, sólo había una salida posible: el suicidio de John Willoughby/Juan Nadie (Gary Cooper), su sacrificio literal como triunfo póstumo (el carácter mesiánico del personaje es indiscutible). Pero Capra, el estudio y tal vez el público no estaban preparados para un final tan amargo (no era el director amigo de los finales infelices) y se optó por una conclusión decepcionante, anticlimática. Juan Nadie se convirtió en un pequeño fracaso creativo. Luego Capra se enfrascó en Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace, que no se estrenaría hasta 1944), en que se apartaba de la fábula social (aunque no del todo), y se enrolaba en el ejército para poner su oficio de cineasta al servicio de su país mediante una serie de documentales de guerra, Why We Fight [¿Por qué luchamos? en nuestra televisión], tan alabados como difíciles de ver.
A su vuelta, en 1946, Capra estrena ¡Qué bello es vivir!, su regreso al cine y la primera película del nuevo estudio creado en asociación con George Stevens y William Wyler, Liberty Films.
La historia en apariencia es sencilla y tierna: un hombre que ha decidido suicidarse recibe la visita de un ángel, que le hace ver cómo gracias a él la existencia de todos los que lo rodean ha sido mucho mejor de lo que se hubiera podido esperar; ante esta revelación, el hombre se abraza a la vida justo a tiempo de recibir el agradecimiento de todos sus amigos por sus sacrificios. Normalmente se tiene a esta obra como prototipo de la fábula azucarada, pero quizás no sea una película tan tierna como parece (o se nos ha hecho creer): en mi opinión quizá sea la obra más amarga y triste de Frank Capra.George Bailey es un personaje optimista, vital como los protagonistas de Vive como quieras; sueña con viajar y vivir aventuras, con ser algo parecido al Ronald Colman de Horizontes perdidos, pero es también un personaje capaz de sacrificarse por sus amigos y su familia, como el Mr. Smith de Caballero sin espada se sacrifica por su gente y sus ideales. A lo largo de la película se nos narra la historia de un hombre que ha dedicado toda su vida a hacer favores a los demás sin que éstos se lo hayan agradecido nunca; cada sueño, cada oportunidad, es sacrificado sistemáticamente en favor de su hermano, de su tío, de su mujer y de sus hijos, de sus amigos






EL CINE COMO TERAPIA

Los padres de él, los padres de ella.
Los padres de él poseen el mayor imperio económico de Nueva York, y a él dedican toda su vida.Los padres de ella, y su abuelo, y su hermana, y su cuñado, y un señor que pasó una noche por allí y se quedó a vivir, y más personas que residen en la casa de los barrios bajos, poseen sus aficiones y a ellas dedican toda su vida: la danza, la filatelia, la composición musical, las máscaras, los fuegos de artificio, la cocina, la comedia, la pintura,...La película, como muchas de Frank Capra, expone las ideas sin claroscuros:La propiedad en manos de unos pocos oprime al individuo que se ve obligado a trabajar (esto tiene nombre: Capitalismo). Esto es malo.Sin la opresión del Estado y de la propiedad privada el individuo consigue la verdadera libertad (esto se llama Anarquismo). Esto es bueno.O sea, cualquier individuo es bueno; sólo algunos se vuelven malos porque su alta posición social o sus riquezas les arrebatan su humanidad.“Vive como quieras” puede parecer subversiva o vivificadora, según quién la vea. Algunos pensarán que es una idiotez y otros que es una utopía. En cualquier caso, parece irreal. Y sin embargo, no he visto jamás filme menos discursivo y más costumbrista tratando de lo que trata. Es una comedia divertida en la que todos los personajes poseen personalidad propia y su final es hermoso y conmovedor. Una obra que no envejece.


James Stewart, Jean Arthur, Lionel Barrymore, Edward Arnold, Mischa Auer, Ann Miller, Spring Byington

1938: 2 Oscar: mejor película, mejor director / Comedia / SINOPSIS: Alice Sycamore es la única persona con un poco de cordura en una familia llena de lunáticos. Alice se enamora de su jefe, Tony Kirby, cuya familia, por su parte, es todo lo contrario: son ricos y refinadamente cursis. Las diferencias entre el estilo de vida y la mentalidad de ambas familias se agudizan cuando los padres de él van a cenar a casa de ella y la cena termina con la entrada de la policía en la casa y la detención de todos los presentes, acusados de anarquistas. Una joya dentro de la comedia clásica. Una adaptación de un Pulitzer llena de encanto que consiguió el Oscar a la mejor película y mejor director, además de otras 5 nominaciones y el unánime aplauso internacional de crítica y público, a los que sigue seduciendo 60 años después de su estreno.


jueves, marzo 09, 2006



























8 de Marzo


Día Internacional de la Mujer
La desigualdad en el poder La paridad sólo existe en el Consejo de Ministros y en siete Ejecutivos autónomos
El lema de la celebración del Día Internacional de la Mujer este año, en que se cumplen los 75 desde que el sufragio femenino fuera aprobado por la II República, es Del voto femenino a la democracia paritaria. ¿Pero hasta qué punto la mitad de la población (un 50,6% de los habitantes de España son mujeres) tiene acceso al poder político y económico y a la toma de decisiones? Al buscar los números que dan cuenta de esta igualdad -recabando datos del Instituto de la Mujer y el Instituto Nacional de Estadística- se hallan pocas instituciones paritarias: el Consejo de Ministros, con ocho ministras y ocho ministros; los parlamentos autonómicos de Castilla-La Mancha y País Vasco -con un 53% y un 52% de mujeres, respectivamente- Cantabria y Comunidad Valenciana (con 41%); y siete Gobiernos regionales. Sólo éstos, de los 19 existentes, superan un 40% de mujeres.
En muchos casos ha habido un empeño previo en que ellas estén más representadas. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, había anunciado que presidiría un Gobierno paritario, algo que en el segundo escalón del poder ejecutivo (secretarios de Estado y directores generales) no se cumple. El País Vasco había aprobado en enero de 2005 una ley de Igualdad.
Comparando los resultados con el panorama de hace 20 ó 10 años, el número de mujeres ha subido, básicamente a costa de la incorporación de cuotas en las listas electorales, como es el caso del PSOE o IU. Los socialistas impusieron, en 1988, la representación de un 25% de mujeres en todos los órganos del partido, hasta llegar a la actualidad, en que presentan listas en las que al menos un 40% debe corresponder a uno de los sexos, tal y como lo deberán hacer todos los partidos cuando se apruebe la futura Ley de Igualdad, ahora en fase de anteproyecto. Hace más de una década que IU aprobó este mismo sistema tanto para las listas electorales como para sus órganos de representación.
- El Congreso español, en cabeza de Europa. 36 de cada 100 miembros del Congreso de los Diputados son mujeres, la cifra de representación femenina más alta de la historia. Los grupos que tienen más son el mixto (60%), el socialista (46%) e IU-ICV (40%). El grupo popular tiene un 28,38% de diputadas. Sólo uno de cada cuatro senadores es mujer (25,10%).
España ocupa el cuarto lugar en igualdad en número de mujeres en la Cámara Baja, tras Suecia, Dinamarca, Holanda y Finlandia. La media de la UE se sitúa en un 23% de parlamentaria
s.
En la legislatura 1982-1986 sólo seis de cada 100 diputados eran mujeres. Y el número de senadoras era aún menor: 4,35%.
- Cuatro parlamentos autonómicos paritarios. De media, hay un 37% de mujeres en los parlamentos autónomos. Los más igualitarios son los de Castilla-La Mancha (53% de mujeres) y País Vasco (52%). Los menos, los de Asturias, Murcia (31%) y Melilla (30%).
En 1987, sólo siete de cada 100 diputadas autonómicas (6,79) eran mujeres.
- Ocho ministras y sólo 12 embajadoras. España tiene, desde hace dos años, el primer Gobierno paritario de la historia y también la primera vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. La paridad, no se transmite, sin embargo, al segundo escalón del poder: según datos del INE de 2004, sólo hay un 15% de secretarias de Estado (3 entre 17) y un 23% de directoras generales. En la representación del Gobierno en las autonomías, el porcentaje decrece: dos mujeres delegadas del Gobierno, frente a 17 hombres, lo que supone un 10%.
En España, según fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores hay 800 diplomáticos, de los cuales 150 son mujeres. La proporción de mujeres que entran anualmente en la Escuela Diplomática es superior. En 2004, obtuvieron plaza de funcionarios 14 mujeres y 26 hombres.
De los 144 embajadores en países o en misiones especiales, sólo hay 12 embajadoras, un 7,7%. Los datos figuran en la página web del ministerio. En lo que llevamos de 2006, sólo se ha nombrado una embajadora, mientras que se han designado seis embajadores, todos ellos en países, mientras que la embajadora lo es en misión especial.
En el primer Gobierno socialista, en 1982, no hubo ninguna ministra. En 1995, había un 13,75% de directoras generales.
- Andalucía y Ceuta, al frente de los Gobiernos autónomos.
Ahora, un 35,44% de todos los consejeros autonómicos son mujeres, según datos recogidos por el Instituto de la Mujer. Sólo Andalucía, Asturias, Galicia, País Vasco, Baleares, Castilla- La Mancha y Ceuta superan el 40% de mujeres. A la cabeza, con un 57% de consejeras, están Andalucía y Ceuta, la primera socialista y la segunda del PP. Dos Gobiernos autónomos son genuinamente paritarios: Castilla-La Mancha y Galicia. El País Vasco, con un 41,6%, cuenta con una Ley de Igualdad en la que se impone que ambos sexos estén representados al menos en un 40% en su Gobierno. El Gobierno menos igualitario es el navarro, con sólo una consejera entre 11.
En 1996, sólo una de cada 10 consejeros era mujer (11%). Andalucía, con un 27%, y País Vasco, con un 20%, eran los Gobiernos con más mujeres.
- Un 27% de concejalas. En España había 15.443 concejales mujeres en 2003 frente a 41.048 hombres, según datos del INE. Eso supone un 27% de concejales mujeres. Alcaldesas hay aún menos (un 12,48%). Hace 19 años, en 1987, sólo 3 de cada 100 alcaldes eran mujeres.
- Un 10% de mujeres en el Consejo del Poder Judicial.
Hay 4.451 jueces y magistrados en activo, según datos del INE de 2004. De ellos, el 44,80% son mujeres, la mayoría en el escalón más bajo, el de jueces, donde son más que hombres (64,13%). Pero sólo hay un 10% de mujeres entre los vocales del Consejo General del Poder Judicial y un 23% en el Tribunal Constitucional. Por primera vez, una mujer, Emilia Casas, preside este tribunal.
Hace 15 años, la presencia femenina en la judicatura era del 26,9%.
- Menor afiliación a partidos. Según datos de 2001, el mayor índice de afiliación de mujeres la tenía el PP, con un 32%, seguido de IU (29,1%) y de PSOE (28,40%). Los partidos de izquierdas tienen más mujeres en sus órganos rectores. IU, según sus propios datos, tiene en su Comisión Permanente un 38% de mujeres. El PSOE, 15 mujeres y 16 hombres en su ejecutiva. El PP tiene un 26,8%, según datos del Instituto de la Mujer.
- Un tercio de sindicalistas. En los sindicatos mayoritarios, sólo uno de cada tres afiliados es una mujer (30,5% en UGT y 33,54% en CC OO). En los órganos de Gobierno están más representadas (46% de mujeres en la Comisión Ejecutiva Federal de UGT y 29,17% en la de CC OO), según datos del Instituto de la Mujer.
- Sin presidentas en el consejo de administración. En los consejos de administración de las empresas del Ibex 35, según el Instituto de la Mujer, no había ninguna presidenta y sólo un 2,32% de los consejeros eran mujeres en 2005. El 70,8% de los empresarios, con o sin empleados, son hombres.
- Las reales academias suspenden. De las 10 reales academias españolas, sólo la de Farmacia supera los dos dígitos en representación (12% de mujeres), según la información recopilada por el Instituto de la Mujer. Hay dos en las que no se sienta ninguna en sus sillones. Son las de Ciencias Veterinarias y la de Ciencias Políticas y Morales.
- Universidad e investigación. En España hay 73 universidades, pero sólo cuatro presididas por una mujer, tres de ellas en Cataluña. En la universidad hay más mujeres (54%) que hombres estudiando y cada año se gradúan más alumnas (59,10%) que alumnos, según datos del Ministerio de Educación. Pero, a medida que avanza el escalafón académico, los nombres femeninos se van perdiendo. De las 8.619 cátedras de universidad sólo el 13,7% tienen al frente a una mujer; el 32,9% si se trata de catedráticas de escuela universitaria. En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) el equivalente a catedrático es el profesor de investigación, donde las mujeres representan un porcentaje del 18%; las investigadoras científicas, un 28,8% y las científicas titulares 10 puntos más arriba.
Hace 20 años, el número de rectoras era cero. En 1985, entre los vicerrectores sólo se contaba un 6,7% de mujeres y el porcentaje de catedráticas era del 8%.
- El 74% de candidatas a MIR. El 74,7% de los aspirantes al examen de Médico Interino Residente (MIR) para estudiar una especialidad médica son mujeres, una cifra, la de este año, calcada del anterior, según Sanidad. Son mayoritarias las mujeres en varias profesiones, por ejemplo las enfermeras, (81,6%), las farmacéuticas (68,3%); estas cifras no suelen corresponderse con los porcentajes de mujeres que ocupan cargos directivos.
- Medios de comunicación. De las 12 televisiones autonómicas, sólo Baleares aporta un nombre femenino, según la Agenda de la comunicación editada por la Presidencia del Gobierno. No hay más de cuatro mujeres en la dirección de 40 agencias de información general, todos los periódicos nacionales de pago de gran tirada tienen un presidente o director al frente, y también los deportivos y los de información económica. Las revistas generalistas, televisiones nacionales y radios tienen mayoritariamente a un hombre como director.

sábado, marzo 04, 2006













LA NOCHE TEMATICA



“MITOS DEL CINE”
Sábado 4 de Marzo de 2006
El próximo domingo 5 de marzo, el Teatro Kodak de Hollywood recibirá a las estrellas del cine que este año han sido nominadas en la 78 Edición de los Oscars, los premios que anualmente concede la Academia de las Ciencias y las Artes de Hollywood. En este marco, la Noche Temática rinde hoy un homenaje a tres actrices, cada una con su forma de actuar y estilo, que han marcado y marcan una importante estela en la industria del entretenimiento.
Esta NOCHE TEMÁTICA incluye los siguientes títulos:

1. “MARILYN, A SU PESAR”Documental 2002 – Francia – 60’Dirección: Patrick JeudyProducción: Point du Jour/ARTE France
Retrato de la famosa actriz utilizando como hilo conductor las fotos –muchas de ellas desaparecidas hasta ahora- que en los años cincuenta le hizo su amigo Milton Green, fotógrafo de las grandes estrellas. El documental desvela episodios poco conocidos de la vida de Marilyn y cuenta la especial relación, casi familiar, que se estableció entre ella y Milton Green. Entre otras cosas, el fotógrafo proporcionó a la actriz ayuda para dejar Hollywood e instalarse en Nueva York.

2. “AUDREY HEPBURN, UNA ESTRELLA EN BUSCA DE SÍ MISMA”Documental 2004 – Alemania – 52’Dirección: Gero von BoehmProducción: Interscience Films/ZDF
La actriz, de origen anglo-holandés, aunque nacida circunstancialmente en Bruselas, desgrana en el documental su historia personal y artística. Es el retrato de una de las más admiradas actrices de todos los tiempos. Casada en dos ocasiones, fue nombrada en 1988 embajadora de UNICEF y hasta su fallecimiento, en 1993, fue una incansable defensora de las causas de los niños huérfanos y de las poblaciones desprotegidas del Tercer Mundo.

3. “LA BELLA SOFIA”Documental 2004 – Italia – 52’Dirección: Laura y Silvia PettiniProducción: Felix Film Srl.
Nacida en Roma de madre soltera, Sofía Villani Scicoloni creció en los ambientes humildes de Nápoles. Gracias a su extraordinaria belleza, ganó siendo adolescente varios concursos, lo que la catapultó al mundo del cine. Trabajó como modelo y se casó con el productor Carlo Ponti. Ha protagonizadodecenas de películas en Europa y América. En 1961 consiguió el Oscar a la Mejor Actriz por “Dos mujeres”. La Academia

sábado, febrero 25, 2006


AHORA LE TOCA A UD PERTICIPAR CON SUS IDEAS Y ESCRITOS SIEMPRE Y CUANDO SEAN DENTRO DEL RESPETO AL PROJIMO.
EN ESTA VENTANA CULTURAL.
UN SALUDO
FRANCISCO JAVIER



Tolerancia,


Actitud y comportamiento, individual, social o institucional, caracterizado por la consciente permisividad hacia los pensamientos y acciones de otros individuos, sociedades o instituciones, pese a que los valores morales o éticos de aquéllos no coincidan, o incluso desaprueben, los de éstos. La tolerancia se puede manifestar prácticamente en todas las actividades humanas, pero muy especialmente en los aspectos religiosos, culturales, políticos y en las relaciones de género. Los principales actores y receptores de la tolerancia (en su recíproca esencia, tolerar y ser tolerado) son el individuo y el Estado.
En principio, tolerancia es un concepto muy relacionado con el de libertad. Es por ello que las ideologías más vinculadas a él históricamente hayan sido el liberalismo, garante de todas las libertades individuales, y, en general, todos los movimientos y partidos políticos cuya máxima apuesta es el respeto hacia las ideas o actuaciones no compartidas. Los sistemas políticos más vinculados a la tolerancia son aquellos que regulan el ordenamiento del Estado en torno a la democracia como principio básico y esencial de su funcionamiento social y político. En cambio, la antítesis de la tolerancia estaría representada por los sistemas políticos teñidos por el totalitarismo o por actitudes personales o sociales relacionadas con el racismo, la xenofobia o el terrorismo.




E L P R I N C I P I O D E L A S A B I D U R I A

Lectura


INTRODUCCIÓN

Lectura, actividad caracterizada por la traducción de símbolos o letras en palabras y frases que tienen significado para una persona. Una vez descifrado el símbolo se pasa a reproducirlo, así pues, la primera fase del aprendizaje de la lectura está ligado a la escritura. El objetivo último de la lectura es hacer posible comprender los materiales escritos, evaluarlos y usarlos para nuestras necesidades.
Para leer hay que seguir una secuencia de caracteres colocados en un orden particular. Por ejemplo, el español fluye de izquierda a derecha, el hebreo de derecha a izquierda y el chino de arriba abajo; el lector debe conocer el modelo y usarlo de forma apropiada. Por regla general, el lector ve los símbolos en una página, transmitiendo esa imagen desde el ojo al cerebro, pero leer puede también ser realizado mediante el tacto, como en el sistema Braille, un método de impresión diseñado para personas ciegas que utilizan un punzón para escribir.
Leer tiene que ver con actividades tan variadas como la dificultad de un niño pequeño con una frase sencilla en un libro de cuentos, un cocinero que sigue las normas de un libro de cocina, o un estudiante que se esfuerza en comprender los significados de un poema. Leer proporciona a las personas la sabiduría acumulada por la civilización. Los lectores maduros aportan al texto sus experiencias, habilidades e intereses; el texto, a su vez, les permite aumentar las experiencias y conocimientos, y encontrar nuevos intereses. Para alcanzar madurez en la lectura, una persona pasa por una serie de etapas, desde el aprendizaje inicial hasta la habilidad de la lectura adulta.


PREPARACIÓN A LA LECTURA
La primera etapa, la preparación, tiene que ver con las habilidades que los niños alcanzan normalmente antes de que puedan sacar provecho de la instrucción formal para la lectura. Los niños adquieren conocimiento del lenguaje y del nombre de las letras, aprenden que las palabras están compuestas de sonidos separados y que las letras pueden representar estos sonidos. Los padres pueden ayudar en el proceso leyendo a los niños, de modo que les acercan al lenguaje formal de los libros, resaltando palabras y letras, y haciéndoles ver que esas palabras en un libro pueden narrar una historia o proporcionar información. Otras habilidades de preparación se adquieren por medio de juegos de palabras y de ritmos fonéticos. Hacer juegos de lenguaje aparentemente ayuda a centrar la atención de los pequeños en los sonidos de las palabras, así como en sus significados.
Los niños también aprenden otros aspectos del lenguaje escrito. En las primeras edades pueden distinguir su escritura de la de otras lenguas, reconocer el estilo comercial, realizar 'pseudolectura' con libros familiares y otros juegos. Se ha sugerido que estas primeras conductas de lectura contribuyen al posterior éxito lector.


EL COMIENZO DE LA LECTURA
Los niños comienzan a leer los textos que equivalen a las palabras pronunciadas que ya conocen. Algunas escuelas y libros de lectura enseñan a los niños a reconocer palabras completas y acentúan el significado del texto. Otros refuerzan primero el estudio de la fonética —el conocimiento de los sonidos representados por las letras individuales— y el desarrollo de las facultades de reconocimiento de cada palabra. Casi todos los programas normales combinan ambas técnicas: intentan enseñar al chico a reconocer palabras y a que aprendan la fonética. Desde hace más de sesenta años, la investigación ha mostrado que la temprana instrucción fonética, practicada de forma sistemática, produce un cierto éxito en la lectura al menos en los primeros años de la educación.
En los primeros años los niños leen historias y cuentos que contienen palabras comunes que ya conocen por la conversación. Con la práctica, la mayor parte de los niños leen con creciente fluidez y comprensión. Los diferentes niveles de lectura en una clase pueden conducir al agrupamiento de los lectores o a una atención individualizada que adapte la instrucción a las habilidades de cada lector.


EL DESARROLLO DE LAS HABILIDADES
En la siguiente etapa del desarrollo lector, el énfasis se pone desde la lectura de historias de contenido conocido hasta la lectura de materiales más difíciles que enseñan al chico nuevas ideas y opiniones. En esta etapa la lectura silenciosa para comprender y las habilidades de estudio se fortalecen. Este paso del aprendizaje de leer a la lectura para aprender es especialmente importante porque el estudiante debe ahora comenzar a usar las habilidades lectoras para aprender hechos y conceptos en los estudios sociales, científicos y otros temas. Efectuar este salto cualitativo es difícil para algunos estudiantes, y sus niveles lectores pueden aumentar en un recorrido más lento que lo normal en las clases de primaria.
Algunos educadores conciben la comprensión lectora como una serie de subdestrezas, como comprender los significados de la palabra en el contexto en que se encuentra, encontrar la idea principal, hacer inferencias sobre la información implicada pero no expresada, y distinguir entre hecho y opinión. La investigación indica que la lectura se puede dividir en muchas subdestrezas diferentes que deben ser dominadas; hablan de unas 350 subdestrezas.
En los años de educación secundaria y superior, los materiales de lectura llegan a ser más abstractos y contienen un vocabulario más amplio y técnico. En esta etapa el estudiante no sólo debe adquirir nueva información, sino también analizar críticamente el texto y lograr un nivel óptimo de lectura teniendo en cuenta la dificultad de los materiales y el propósito de la lectura.


EL DESARROLLO DE LAS HABILIDADES LECTORAS
Para los estudiantes mayores estudiar palabras es una forma de aumentar la capacidad lectora. Esto requiere el uso de diccionarios, estudiar las partes de las palabras y aprender a encontrar el significado de una palabra en referencia al contexto. Los estudiantes pueden también aumentar su vocabulario dando atención especial a las nuevas palabras que puedan hallar.
Como la madurez lectora puede tener diferentes niveles indicados por materiales y objetivos diferentes, es útil la práctica de hojear un texto para captar el significado general y analizarlo para una información específica.
El desarrollo de las estrategias de estudio eficiente es importante en el aprendizaje de las diversas clases de materias. Una técnica útil de estudio es subrayar, dado que ayuda a incrementar la comprensión de los principales puntos y detalles de un texto.


IMPORTANCIA DE LA HABILIDAD LECTORA
Además de su valor intrínseco, la habilidad para leer tiene consecuencias económicas. Los adultos que mejor leen son capaces de alcanzar más altos niveles y es probable que consigan puestos de trabajo mejor remunerados. El aumento de la tecnificación de la sociedad ha incrementado las exigencias de alfabetización adecuada, presión que ha llegado al ámbito escolar de forma directa. Un nivel más alto de alfabetización se necesita tanto en los negocios o en la industria como en la vida diaria, por ejemplo, para comprender diversos formularios o para entender los periódicos. Se han llevado a cabo algunos esfuerzos para simplificar los formularios y los manuales, pero la carencia de suficiente capacidad lectora definitivamente impide que una persona pueda desenvolverse en la moderna sociedad occidental.
Los programas de alfabetización de adultos se pueden diferenciar según los niveles de alfabetización que desarrollan. Los programas de alfabetización prefuncional animan el desarrollo de la descodificación y reconocimiento de palabras, semejante a los objetivos de las escuelas primarias, aunque usan materiales más apropiados para la edad adulta. Los programas que tratan el desarrollo de la alfabetización funcional llevan el nivel al uso de la lectura para aprender nueva información y realizar tareas relacionadas con el empleo. Los programas de alfabetización avanzada subrayan el desarrollo de las habilidades de más alto nivel.
La gran importancia de la habilidad lectora está demostrada por el desarrollo de los programas de alfabetización en algunos países en vías de desarrollo como, por ejemplo, Cuba, cuyos programas envían jóvenes estudiantes a las zonas rurales para ejercer como profesores de las personas analfabetas.
























D E B A T A M O S
sobre mi otra pasión la cerámica
LA CERÁMICA




INTRODUCCIÓN
Cerámica, vasijas y otros objetos hechos de arcilla endurecida por cocimiento en horno. La naturaleza y el tipo de la cerámica están determinados por la composición de la arcilla, el método de su preparación, la temperatura a la que se ha cocido y los barnices que se han utilizado. Se distingue de la porcelana por ser porosa y opaca. Como se cuece a temperatura más baja que ésta no llega a vitrificar. El término alfarería se suele emplear para designar a la cerámica primitiva o de carácter popular, generalmente de uso doméstico.



TIPOS, PROCEDIMIENTOS Y TÉCNICAS
La loza es una cerámica porosa cocida por lo general a la temperatura más baja del horno (900-1.200 ºC). En función de la clase de arcilla utilizada, al cocerse adquiere color amarillo, rojo, pardo o negro. Es preciso barnizarla para hacerla resistente al agua. Casi toda la cerámica pintada de la antigüedad y del medievo, tanto la de Oriente Próximo como la europea, es de tipo loza, como la mayoría de las vajillas de uso doméstico actuales. El gres, resistente al agua y mucho más duradero, se consigue cociendo la arcilla a una temperatura de 1.200-1.280 ºC. Adquiere así un color blanco, amarillo, gris o rojo y se barniza sólo por motivos estéticos. La cerámica cocida a unos 1.200 ºC a veces recibe el nombre de cerámica de media cocción; su tratamiento como loza o gres varía de una arcilla a otra. El gres, que los chinos elaboraban ya en la antigüedad, no se conoció en Europa hasta después del renacimiento.



Preparación y manejo de la arcilla
El ceramista puede eliminar algunas de las impurezas propias de las arcillas secundarias o mezclarlas en diversas proporciones para lograr efectos diferentes. Cierta cantidad de impurezas en la arcilla ayuda a que la vasija mantenga su forma durante la cocción y los ceramistas que utilizan arcilla de grano fino suelen ‘atemperarla’ añadiendo materiales burdos como arena, piedra pulverizada, conchas molidas o grog (arcilla cocida y pulverizada) antes de trabajarla. La plasticidad de la arcilla permite utilizar diferentes métodos para darle forma. Se puede aplastar y moldearla después presionando contra la parte interna o externa de un molde de piedra, mimbre, arcilla o escayola. La arcilla líquida puede verterse en moldes de este material. Un recipiente puede formarse con rollos de arcilla: se amasa la arcilla con las palmas de las manos y se extiende formando rollos largos, a los que luego se da forma de anillo. Superponiendo varios anillos se va formando el recipiente. También puede tomarse una bola de arcilla y presionarla con los dedos hasta darle la forma deseada. La técnica más compleja es la de moldearla en el torno de alfarero.
El torno, inventado hacia el año 4000 a.C., consiste en un disco plano que gira de forma horizontal sobre un pivote. Con las dos manos —una en la parte externa y la otra en el interior— se va dando forma a una bola de arcilla colocada en el centro de la rueda giratoria. Algunas ruedas se mueven gracias a una varilla que encaja en una muesca de la rueda, que normalmente mueve un ayudante. Es el método llamado ‘de torno movido a mano’ y el clásico entre los ceramistas japoneses. En Europa en el siglo XVI se añadió un accesorio que, colocado en un marco, permitía al ceramista controlar la rueda con el pie. En el siglo XIX se añadió una barra o pedal y en el siglo XX la rueda eléctrica de velocidad variable ha permitido regular la velocidad de rotación.



Secado y horneado
Para que la arcilla no se rompa al cocerla, primero debe dejarse secar al aire. Si está bien seca, es porosa y relativamente blanda, puede cocerse directamente en un horno abierto a una temperatura de 650-750 ºC; este es el modo en que se cocía la cerámica primitiva. Los primeros hornos se utilizaron hacia el año 6000 a.C. Tanto los hornos de madera como más tarde los de carbón, gas y electricidad requieren un control muy riguroso para lograr el efecto deseado en la obtención de loza o gres, pues pueden conseguirse efectos diferentes por aumento de la cantidad de oxígeno en la combustión (con la adecuada ventilación para producir grandes llamas) o reduciendo el oxígeno con la obstrucción parcial de la entrada de aire en el horno. Una arcilla rica en hierro, por ejemplo, se volverá de color rojo si se cuece con un fuego rico en oxígeno, mientras que en un horno pobre en oxígeno se volverá de color gris o negro, pues el óxido rojo de hierro de la arcilla (FeO2, o bien Fe2O4) se convierte en óxido negro de hierro (Fe2O3) al desprenderse la arcilla de una molécula de oxígeno para compensar la falta de éste en el horno.



Decoración
La decoración de los objetos puede efectuarse antes o después de su cocción. Cuando la arcilla está seca a medias y un poco endurecida (consistencia de cuero) pueden incrustarse trocitos de arcilla o pueden hacerse incisiones, estampaciones o líneas y otros motivos, o bien puede tallarse o perforarse. Las paredes de cada objeto pueden adquirir un acabado uniforme puliéndolos de modo que las impurezas no sobresalgan y las partículas de arcilla se alineen para que la superficie también quede brillante y suave. Algunas arcillas se pueden pulir tras la cocción. Puede utilizarse también barbotina (arcilla líquida libre de impurezas). Una vez seco del todo o a medias, el recipiente puede sumergirse en una barbotina de consistencia cremosa (a la que a veces se añade color) o puede aplicarse ésta con un pincel o verterla por encima con ayuda de un recipiente o una jeringuilla. También se puede decorar con algún utensilio con punta, rascando la barbotina y dejando al descubierto la capa interior.



Vidriado
A lo largo de la historia la cerámica vidriada ha sido menos habitual que la no vidriada. Esta técnica consiste básicamente en aplicar minerales que vitrifican (sílice o boro) combinados con elementos endurecedores (como la arcilla y los fundentes) y agentes mezcladores (como el plomo y la sosa). El barniz puede aplicarse a un recipiente antes de la cocción o tras la cocción en el grado biscuit, en el que una vez aplicado el barniz, se vuelve a cocer la pieza. Los ingredientes que forman el barniz deben mezclarse y adquirir un estado vítreo a una temperatura compatible con la que necesita la arcilla. Pueden utilizarse muchos tipos diferentes de barnices. Algunos realzan el color de la pasta, otros lo enmascaran. Los barnices alcalinos, muy utilizados en Oriente Próximo, eran brillantes y, a menudo, transparentes. Tenían una composición a base de sílice (como la arena) y una sal de sodio. Los barnices de plomo son transparentes y tradicionalmente se hacían con arena mezclada con sulfuro u óxido de plomo. Fueron utilizados por los ceramistas romanos, chinos y europeos del medievo y se siguen usando en la loza europea. Los barnices al estaño, opacos y blancos, fueron introducidos en Europa por los ceramistas árabes y se utilizaron en la cerámica vidriada española, en la mayólica italiana, en la loza fina europea y en la cerámica de Delft, ciudad holandesa que en el siglo XVII era el centro de la loza estannífera de calidad. Con el paso del tiempo, chinos y japoneses los emplearían para los objetos destinados al mercado europeo.
Los óxidos metálicos dan color a los barnices. El cobre hace que el barniz de plomo adquiera un tono verde, y el barniz alcalino un tono turquesa; un fuego bajo hace que el cobre se torne rojo. El hierro puede dar tonalidad amarilla, parda, gris verdoso, azul y, mezclado con otros minerales, rojo. Los feldespatos (minerales, silicato de sodio, potasio, calcio o bario que forman parte de muchas rocas) se utilizan para barnizar gres y porcelana, pues funden a temperatura elevada. Los efectos específicos de cada barniz sobre la pasta de arcilla dependen tanto de su composición como del control del horno.



Decoración bajo y sobre cubierta
La cerámica puede pintarse antes o después de su cocción. En el neolítico se utilizaban ocres y otros pigmentos de tierra en los objetos sin barnizar. Los óxidos de metal que se usaban mezclados con el barniz o debajo de éste requerían temperaturas más elevadas para su fijación. Podían obtenerse el verde del cobre, el azul del cobalto, el púrpura del manganeso y el amarillo del antimonio. Si se utilizan esmaltes (pigmentos de grano fino que se aplican sobre un barniz ya cocido) el recipiente debe cocerse otra vez en un horno tapado y con llama indirecta, a baja temperatura para que fundan el esmalte y el barniz. La decoración calcada (que consiste en grabar con óxido sobre un papel y cuando aún está húmedo calcarlo en el recipiente, dejando que el papel se queme en el horno) se utiliza a menudo en la cerámica manufacturada de uso comercial. En el siglo XVIII se grababa la plantilla de calco a mano, pero en la actualidad se utilizan la litografía y la fotografía.
Los ceramistas chinos firmaron sus piezas a partir del siglo XV y los europeos a partir del siglo XVIII. Los ceramistas y pintores griegos firmaban sus obras al igual que algunos artesanos árabes y la mayoría de los artistas que han hecho cerámica en el siglo XX.



ASIA ORIENTAL
Los principales centros de cerámica en Asia oriental se encuentran en China, Corea y Japón.



China
Durante el neolítico la cerámica china se hacía con rollos de arcilla, golpeando después las láminas con una paleta; a finales de ese periodo (II milenio a.C.) las vasijas se hacían en un principio a mano y después se les daba un acabado en el torno. En Gansu, al noroeste de China, durante el periodo Pan-Shang, se hacían vasijas con una arcilla de textura muy fina que se cocía hasta alcanzar un color pardo rojizo o amarillento y se pintaban con pigmentos minerales aplicados con pincel, haciendo dibujos de trazo grueso con forma de espirales. Estas piezas pueden datarse en el año 2600 a.C., época en la que los hornos eran de tiro sencillo. El fuego se encendía bajo las piezas y unos agujeros de ventilación en el suelo provocaban que las llamas y el calor subieran. La cerámica de Longshang, en las llanuras centrales, se hacía con el torno. Entre las diversas formas de los recipientes chinos del neolítico hay vasijas de tres pies, aguamaniles, urnas, tazas, ánforas y copas altas.



Periodo Shang
Las formas prototípicas del neolítico fueron la base para las vasijas de bronce del periodo Shang (c. 1766-1122 a.C.), del cual se han hallado moldes de arcilla de gran calidad utilizados para el vaciado de bronce. La cerámica Shang era principalmente de cuatro tipos, la mayoría de los cuales se realizaba en la capital, Ngan-yang, en la actual provincia de Hunan. El primer tipo era continuación de la tradición neolítica, de orden funcional, en arcilla tosca gris, con decoración de cuerda impresa o con motivos geométricos incisos; el segundo consistía en una imitación en gris oscuro de las vasijas de bronce; el tercero lo formaba la cerámica blanca con una fina decoración que imitaba los diseños del bronce, y el último lo constituía el gres vidriado.



Del periodo Zhou a las Seis Dinastías
Todos los tipos de cerámica del periodo Shang, excepto la blanca, continuaron realizándose en el periodo Zhou (c. 1122-221 a.C.). La loza roja tosca con barniz de plomo se empezó a hacer en la época de los Reinos Combatientes (403-221 a.C.) y también imitaba al bronce. En el sur se hacía gres con un barniz pardo pálido y con formas sofisticadas.
El descubrimiento en 1974 del ejército de terracota de Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Ch'in (221-206 a.C.), que forman un conjunto de más de 6.000 soldados y caballos de tamaño natural enterrados en formación militar, ha aportado nuevas dimensiones al conocimiento del arte de los antiguos ceramistas chinos. Estos hermosos retratos idealizados, con detalles diferentes en sus ropajes, fueron realizados con tosca arcilla gris. Las cabezas y las manos, cocidas por separado a las altas temperaturas propias de la loza, se colocaron en los cuerpos una vez realizados éstos y después se pintaron con pigmentos minerales brillantes (procedimiento llamado decoración en frío), que en su mayoría se han ido desprendiendo.
En la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) se siguieron haciendo figuras funerarias y objetos decorados con moldeado y pintura, entre los que hay casas, figuras humanas e incluso hornillos. Los ladrillos a veces se decoraban con escenas cotidianas de personas y animales. También se fabricaba gres de color gris con grueso barniz verde y loza rojiza.
Durante la época de las Seis Dinastías (220-581 d.C.) empezó a aparecer el gres celadón, precursor de la porcelana del mismo nombre. (Los celadones son barnices transparentes con pigmentos de hierro, cocidos en horno de reducción que producen tonalidades gris suave, azul o verde pálidos o pardo oliváceo.) Se denominaba cerámica yue (verde) y no tenía tanta influencia de los objetos de bronce como la cerámica anterior. Las jarras, los aguamaniles y los platos se fueron haciendo más delicados de línea y de contorno más clásico y algunos se ornamentaron con incisiones o moldeados sencillos.



De la dinastía Tang a la dinastía Song
Durante la dinastía Tang (618-907 d.C.) se siguieron realizando figuras funerarias y gres, que muestran en su estilo influencias de Asia central. Los cuencos y barreños con decoración tallada se exportaban a la India, al sureste de Asia y al imperio musulmán. Hay dos importantes tipos de cerámica que caracterizan este periodo: uno de ellos era la loza fina de color blanco, cubierta con barniz de plomo con tinte amarillo vivo o verde y, frecuentemente, con motivos moteados; el otro, la innovación más significativa de los alfareros del periodo Tang, es la porcelana, de la que se hacían delicados cuencos delgados y vasos con barnices claros, azulados o verdosos.
La porcelana se hizo aún más refinada durante la dinastía Song (960-1279), época en la que florecieron todas las artes y momento cumbre de la cerámica china (véase Porcelana: Porcelana oriental).



Corea
La cerámica y la porcelana chinas ejercieron una gran influencia en Corea, pero los alfareros de este país introdujeron sutiles variaciones en los modelos. Los objetos de gres hallados en algunas tumbas son típicos de la dinastía Silla (57 a.C.-935 d.C.). Los celadones de influencia Song caracterizan la cerámica de la dinastía Koryo (918-1392) y las obras posteriores, aunque menos refinadas, son de admirar por su evidente dignidad. Los coreanos fueron quienes introdujeron tanto su cerámica como la china en Japón.



Japón
Las primeras cerámicas neolíticas, las del periodo Jomon (c. 10000-c. 300 a.C.), están hechas a mano, normalmente por el método de superposición de anillos cilíndricos, decorados por impresión de cuerdas y esteras, y cocidas en horno abierto a baja temperatura. Tienen color rojizo o una gama que va del gris al negro. Algunas figurillas de culto y algunas vasijas de tipo utilitario están muy pulidas o cubiertas con óxido de hierro rojo. En todo Japón se ha encontrado cerámica del periodo Yayoi (c. 300 a.C.-300 d.C.), realizada por mongoles llegados de Corea a Kyūshū. Los Yayoi utilizaban el torno para fabricar loza amarilla o pardo claro, cuya superficie pulida a veces se pintaba de rojo brillante.
En esa época se utilizaban en Japón básicamente los dos tipos de horno que se siguen usando hoy día. Uno es el horno en pendiente, de origen coreano, que se construye en la ladera de una montaña, tiene hasta veinte cámaras y su encendido puede llevar hasta dos semanas. El otro es el horno de tiro sencillo o de cuello de botella, en el que el fuego, hecho con leña en la boca de una zanja cubierta, cuece las vasijas que se hallan en una cámara de paredes circulares al otro extremo de la zanja; la parte superior está cubierta y no tiene más que un agujero por el que sale el humo.
Se ha hallado cerámica de la última época del periodo Kofun, o de los túmulos (c. 300-710 d.C.), en las enormes sepulturas de los emperadores japoneses. La llamada cerámica haji se parece a la Yayoi, pero la verdaderamente única es la haniwa, (cilindros de arcilla cocida clavados en la tierra), como las deliciosas figuras de loza rojiza sin barnizar que rodean las tumbas y que tienen forma de casas, barcas, animales, mujeres, cazadores, músicos y guerreros. Aunque la cerámica haniwa carece de la grandiosidad del ejército imperial Ch’in, tiene en compensación la gran vitalidad de lo rústico. Otro tipo de cerámica de este periodo es la Sue, en gres de color gris, cocida en un horno en pendiente y decorada con un barniz de ceniza natural que proviene de los restos de la madera utilizada como combustible que se va depositando sobre las vasijas durante la cocción. Este barniz, de origen coreano, acabó convirtiéndose en el barniz característico de las piezas japonesas que con posterioridad se hicieron en Tamba, Tokoname, Bizen y Shigaraki. Los objetos Sue —jarras, botellas, platos y tazas, algunos de ellos con figuras esculpidas— continuaron haciéndose en el periodo Asuka (593-710), en el que empezó a manifestarse la influencia cultural y religiosa china.



Del periodo Nara al Kamakura
En el periodo Nara (710-794), primer periodo histórico japonés, la profunda influencia de la dinastía china Tang se evidencia en la producción de cerámica cocida a altas temperaturas. Algunos objetos llevan un vitrificado monocromático en verde o pardo amarillento; hay otros vitrificados en dos colores, verde y blanco, y unos pocos con un vitrificado tricolor sobre un tosco cuerpo grisáceo basto. Los motivos del vitrificado eran veteados y punteados, no tan refinados como la cerámica Tang. La mayoría de estas obras se conservan en el shosoin, tesoro imperial, en Nara.
A comienzos del periodo Heian (794-1185) se desarrolló aún más el barniz de ceniza natural y se introdujo el celadón. Más tarde, y debido a la ruptura de relaciones con China a finales del periodo Heian, la calidad de la cerámica decayó. Al restablecerse las relaciones con la China de la dinastía Song durante el periodo Kamakura (1185-1333), floreció la industria cerámica con centro en Seto, cerca de Nagoya. El kiseto o Seto amarillo —que continúa fabricándose hoy día— refleja la influencia de los célebres celadones de Song; sin embargo, la versión japonesa, al estar cocida en hornos con mayor oxigenación, presentaba tonalidades ámbar y amarilla en su vitrificado. En la época Fujiwara se realizó también una cerámica destinada al uso doméstico, la cerámica tokoname (piezas sin decorar de forma irregular), junto con otros tipos que mantienen el encanto primitivo.



Periodos Muromachi y Momoyama
Aunque los sogunes Ashikaga del periodo Muromachi (1333-1568) no favorecieron el arte de la cerámica, la tradicional ceremonia del té, que empezó a practicarse en aquel entonces por influencia china, fomentó la fabricación de las hermosas piezas utilizadas en ese complicado ritual. La ceremonia del té se extendió a la clase de los militares y a la de los comerciantes en el periodo Azuchi-Momoyama (1568-1600) y se elaboraron recipientes de gres y porcelana que reflejan el gusto, la elegancia y la sutil belleza de ese ritual. Cada pieza respondía a una función y un nombre específicos.
Una variedad de cuencos de té de gres que sigue siendo muy apreciada es la temmoku, relacionada con las piezas Chien de China, que presenta un grueso barniz pardo purpúreo. En los hornos de la localidad de Seto se producía una cerámica de tan alta calidad que las piezas fabricadas en otros hornos también adquirieron esta denominación. Aún más famosas eran las piezas raku, que todavía fabrican miembros de esa misma familia en su 14ª generación. Las piezas raku —juegos de té, otros objetos y baldosas— están hechas a mano y sus formas irregulares responden a una estética preestablecida de asimetría. Se aplican varias capas finas de barniz con pincel y la pieza se cuece a temperaturas bajas. Cuando el barniz se ha fundido, se extrae la pieza del horno con unas pinzas, se enfría rápidamente y entonces el barniz se resquebraja por el brusco cambio térmico. Las piezas raku son admiradas por todos los ceramistas del mundo por sus formas rugosas y sus delicados barnices oscuros de plomo que, a veces, caen formando gruesos goterones. También muy apreciadas son las piezas de Oribe para la ceremonia del té. Se caracterizan porque sus diseños están pintados con óxido de hierro pardo, inspirados en la decoración textil, y tienen manchas irregulares de barniz muy diluido de un verde transparente.
Otras piezas del periodo Azuchi-Momoyama son las Karatsu, influidas por la cerámica Yi coreana. En la e-Karatsu (pintura Karatsu) hay motivos geométricos, hierbas y glicinas pintados a mano alzada con óxido de hierro sobre barbotina de color blancuzco. La cerámica Karatsu cultivó también otros estilos con diferentes tipos de decoración. La de Bizen, que se sigue fabricando, alcanzó sus cotas más altas durante el periodo Momoyama. Es gres duro, básicamente de color rojo ladrillo, pero con cambios irregulares en la coloración debidos a la alternancia de la cantidad de oxígeno durante la cocción. No lleva más barniz que el que forma la ceniza o la paja que envuelve las piezas en el horno o la que va cayendo de la combustión de la madera.



Periodo Edo y posteriores
A comienzos del periodo Edo (1600-1868) se descubrió caolín cerca de Arita, en el norte de Kyūshū, que aún hoy sigue siendo un centro importante de cerámica. Este descubrimiento permitió a los ceramistas japoneses elaborar su propia porcelana blanca dura. La de Imari (llamada así por el puerto desde el que se exportaba) se hizo tan famosa en Europa en el siglo XVII que hasta los chinos la imitaron. Sus diseños de brillante colorido se inspiraban en las piezas laqueadas, los biombos y las telas. Hacia finales del periodo Edo (1800-1868) la de Imari sufrió un retroceso ante la porcelana Kariemon (de color caqui) que se hacía en Arita. Era mucho más refinada y de formas clásicas, aunque sus motivos eran similares. Ambas estaban esmaltadas sobre cubierta. Las piezas de Nabeshima, también de gran calidad y con diseños similares a los de las sedas, estaban restringidas a esa familia y sus amigos; no se empezaron a comercializar e imitar hasta la época Meiji (1868-1912). Los diseños se dibujaban primero en papel muy fino y después en líneas azules bajo cubierta; los colores esmaltados se añadían y fundían después del barniz. En la zona oriental de Japón, durante el periodo Edo, el centro de fabricación de porcelana fue Kutani. Sus vajillas eran grisáceas por las impurezas de la arcilla y sus diseños eran más toscos que los de Arita e Imari. Kioto, antiguo centro de cerámica esmaltada, se hizo famoso en el siglo XIX por sus porcelanas. En la época Edo había unos 10.000 hornos funcionando en Japón. Véase Porcelana: Porcelana oriental.
Los objetos domésticos de los alfareros populares, evaluados desde la estética contemporánea, son tan admirados y valorados como los que se exportaban en siglos anteriores. Aunque la cerámica Meiji introdujo influencias europeas, dentro de Japón se sigue apreciando la tradición popular. En el siglo XX los ceramistas de la vieja escuela siguen trabajando los mismos estilos que sus antepasados y con las mismas arcillas de la zona. El ceramista japonés más famoso del siglo XX es Hamada Shoji, importante no sólo por sus obras en cerámica, sino también por la influencia que ha ejercido en la recuperación de la artesanía popular. Hamada trabajó sobre todo el gres con barniz de hierro y ceniza, creando tonalidades verde oliva, gris, pardo y negro. No firmaba sus piezas cerámicas, aunque sí las de madera. En 1955 el gobierno japonés le nombró Tesoro Nacional Vivo.



AMÉRICA PRECOLOMBINA
La antigua cerámica americana —utilizada no sólo con fines domésticos, sino también rituales y funerarios— desarrolló unas formas y estilos refinados y muy particulares, totalmente independientes de los del viejo mundo y alcanzó un alto nivel artístico en su realización. Se fabricaban vasijas con le método de los rollos de arcilla, el modelado a mano y los moldes, y no conocían el torno de alfarero. Para la decoración pintada utilizaban barbotina coloreada con pigmentos minerales y vegetales.



América del Sur
Aunque en Ecuador se han encontrado vasijas que datan del 3200 a.C., fue en Perú donde surgieron los primeros estilos en cerámica. El estilo Chavín (900-200 a.C.), con sus motivos de jaguares, fue superado durante el periodo clásico (primer milenio d.C.) por la cerámica de la cultura mochica, que floreció en la costa septentrional y realizó una de las mejores cerámicas precolombinas, con vasos de color ocre realizados con moldes y pintados en rojo con escenas narrativas de gran vivacidad y jarras modeladas en forma de cabeza humana, con el vigor expresivo de retratos tomados del natural. Tanto los vasos como las jarras tienen la característica asa de estribo peruana, que consiste en un asa hueca con un pitorro vertical en el centro. En el sur, la cultura Nazca realizó jarras policromadas de doble pitorro con motivos animales estilizados y complejos. Los estilos policromados posteriores de los tiahuanacos y los incas estaban trabajados con maestría, pero eran menos deslumbrantes.



Mesoamérica
Las primeras cerámicas de uso doméstico mexicanas datan del periodo formativo o preclásico (1500-300 a.C.) en el valle de México. Del preclásico inferior (hasta el 1300 a.C.) aparecen ofrendas funerarias y figurillas modeladas con técnica de pastillaje. En el preclásico medio (1300-800 a.C.) se crean las llamadas mujeres bonitas, como las de Tlatilco, cuyos exagerados rasgos femeninos nos remiten a ritos agrícolas con ofrendas propiciatorias. En el occidente de México, la cerámica utilitaria, de barro pulimentado de color café o negro muestra formas estilizadas, mientras que en la ornamental destacan las decoraciones geométricas y los colores negro, crema y rojo. Se retratan escenas domésticas y personajes característicos que demuestran la diferenciación de las clases sociales. Las figurillas antropomorfas, que en un principio eran aplanadas, empiezan a ser huecas y adquieren mayores dimensiones hasta llegar a los retratos de Nayarit y los extraordinarios perros de Colima. La actitud sonriente de los gruesos personajes de Colima recuerda, por su fisonomía, la obra escultórica del británico Henry Moore. En la costa del Golfo la cultura olmeca realizó en el preclásico medio y superior, figurillas naturalistas huecas, como los niños llorones (cara de niño o baby face) que presentan deformación craneana, párpados hinchados, ojos rasgados, encías sin dientes y, en ocasiones, una especie de casco labrado. En la transición del preclásico superior al periodo clásico se afianza la cultura de Teotihuacán (200 a.C.-700 d.C.) en la meseta central. Allí se realizaron braseros de barro, máscaras con forma trapezoidal, vasijas trípodes con decoraciones al temple, bajorrelieves, cloisonné y champlevé. Destaca el uso de una arcilla llamada ‘naranja fina’, que es delgada y exige altas temperaturas en la cocción.
Las piezas mayas alcanzaron una variedad y calidad únicas en la cerámica mesoamericana. Durante la época clásica los mayas realizaron delicadas figurillas, vasos cilíndricos policromados con escenas y jeroglíficos similares a los de los códices y placas moldeadas o modeladas que tenían un silbato y estaban decoradas con escenas de la vida cotidiana. El periodo clásico maya está representado por las estatuillas de la isla de Jaina, en Campeche, en las que se aprecia el uso de moldes para las caras minuciosamente trabajadas. El cuerpo y los adornos, peinados, vestimentas y atributos de cada rango social retratado eran trabajados a mano, tanto por medio de incisiones como de pastillaje. Las obras de Jaina reflejan con gran realismo actitudes comunes en la sociedad maya, dentro de un cuidado exquisito de los detalles. Los zapotecas del periodo clásico, establecidos en Oaxaca, se distinguen por sus urnas funerarias, ricamente elaboradas, con sus figuras antropomorfas coronadas con altos tocados cargados de símbolos. Dentro del mismo horizonte clásico se consideran las figuritas sonrientes de las culturas del golfo de México. Obras cerámicas como las de Remojadas hacen patente que existía un dominio de la técnica que permitía al artista trabajar estatuas huecas de más de 1,3 m de altura en las que se plasmaban los gestos más detallados y los estados de ánimo más variados. Un detalle ineludible en las célebres ‘caritas sonrientes’ son la lengua entresacada y la inclinación de la cabeza ligeramente hacia arriba. Sobresale también la decoración con pintura roja y con chapopote (alquitrán). Entre las numerosas civilizaciones que florecieron en el periodo posclásico mesoamericano cabe mencionar las pipas de barro del pueblo tarasco o purépecha en Michoacán, las vasijas y cálices policromados de Cholula, en Puebla, y las jarras zoomorfas y antropomorfas de los huastecos del norte de Veracruz. En la culminación del mundo prehispánico mesoamericano, los aztecas dejaron obras en las que se refleja la rigidez de los cánones estéticos que imponía una cultura hegemónica. Sin embargo, el espíritu del ceramista consiguió plasmar en obras como los sahumerios, las vasijas ceremoniales o los retratos de las deidades domésticas, el espíritu indomable frente a la omnipresencia de la muerte. Calaveras en bajorrelieve o realzadas, corazones sangrantes, mezcla de poesía y mística guerrera, son las grandes constantes en la cerámica policromada de la civilización azteca. (Véase también Cerámica precolombina).



América del Norte
En el valle del Mississippi los constructores de túmulos del primer milenio a.C. realizaron objetos modelados a mano, pintados y decorados con incisiones. En el suroeste los antepasados de la cultura de los indios pueblo produjeron cerámica de gran calidad, en la que destacan las piezas decoradas en rojo sobre amarillo (c. 600-900 d.C.) de los hohokam, las policromadas de los anasazi (1300 en adelante), decoradas ambas con figuras humanas y de animales, así como la exquisita y característica cerámica de mimbre (1000-1200), con diseños geométricos negros sobre fondo blanco y pájaros, murciélagos, ranas y escenas ceremoniales.



LA CERÁMICA EN OCCIDENTE
La historia de la cerámica occidental incluye la del antiguo Oriente Próximo, la del Mediterráneo, la del mundo árabe medieval y la de la Europa medieval y moderna.



Antiguo Oriente Próximo
La cerámica de Oriente Próximo más antigua que conocemos es la de Çatal Höyük, en Anatolia, y data del 6500 a.C. Aparte de las estatuas religiosas de terracota y de las de arcilla pintada, entre los objetos de esta zona (cerca de la actual Çumra, Turquía) se cuentan piezas decoradas en ocre rojizo sobre fondo de barbotina color crema y cerámica monocromática de color amarillo, gris claro, crema o rojo ladrillo. Se hacían con cilindros de arcilla que más tarde se aplanaban con una paleta y se barnizaban. Algunas vasijas se decoraban con simples incisiones de líneas horizontales y se cocían en un horno de pan o en un horno cerrado con cámara separada para el fuego. Las demás cerámicas del neolítico del Oriente Próximo, principalmente la de Siria, presentan diseños impresos u ondas dibujadas, en muchos casos, con una concha.



Persia y Mesopotamia
La primera cerámica pintada del norte de Mesopotamia data de poco antes del quinto milenio a.C. En Samarra (en Irak) se pintaban estilizadas figuras de hombres y animales con colores que iban desde el rojo al pardo y al negro sobre un fondo amarillo. Poco después comenzó a hacerse cerámica policromada de mejor calidad en Tell Halaf, donde los alfareros habían realizado grandes progresos en el control de los hornos.
Alrededor de la misma época, los alfareros persas pintaban figuras geométricas sobre vasijas cubiertas por barbotina de color claro. En el cuarto milenio ya había comenzado a usarse el torno. Los pueblos del norte emigraron a Persia donde introdujeron la cerámica monocromática en rojo o gris. En el apogeo del periodo de El-Obeid (cuarto milenio a.C.) se producían cerca de Susa muchos vasos y cuencos de arcilla refinada. Estaban revestidos de una barbotina amarillo-verdosa y pintados con un estilo muy libre de formas geométricas, plantas, pájaros, animales y figuras humanas muy elementales.
La cerámica vidriada comenzó a fabricarse alrededor del 1500 a.C. Las piezas de mayor calidad no son los objetos de uso doméstico, sino los ladrillos vidriados que se utilizaban como ornamentación arquitectónica, tradición que se remonta al tercer milenio en la localidad de Uruk, donde columnas y nichos estaban cubiertos de mosaicos geométricos hechos con conos de cerámica coloreados semejantes a clavos. Durante el reinado de los casitas en Babilonia (mediados del segundo milenio a.C.) se utilizó la terracota sin vidriar para las fachadas de templos y palacios, y más tarde, en Jorsabad, capital del reino del monarca asirio Sargón II (que reinó entre el 722 y el 705 a.C.), se utilizaron ladrillos vidriados hechos con molde, que representaban procesiones de animales, para decorar la entrada de un templo. Esta tradición alcanzó su apogeo en Babilonia durante el siglo VI a.C., cuando la famosa vía procesional fue cubierta con ladrillos vidriados en los que se tallaron y moldearon más de 700 toros, dragones y leones dentro de una gama cromática que incluye el blanco, el amarillo y el negro sobre fondo azul o azul verdoso. Las paredes de la fachada de la sala del trono estaban decoradas con leones y con columnas coronadas y rodeadas de palmeras y flores de loto.



Egipto
Ya durante el quinto milenio a.C. los alfareros egipcios elaboraban piezas finas, elegantes, de color oscuro y muy pulidas con una delicada decoración de cuerda. Las piezas pintadas del cuarto milenio, con sus figuras geométricas y de animales sobre fondos rojos, amarillos y pardos, no alcanzaron la alta calidad del milenio anterior. El Egipto de las dinastías fue famoso por su loza vidriada (diferente a la que desarrollarían con posterioridad los alfareros europeos), que empezaron a fabricar alrededor del 2000 a.C. y que se caracteriza por el barniz azul o verde oscuro sobre una pasta con gran cantidad de polvo de cuarzo, más cercana al vidrio que a la auténtica cerámica. Los artesanos egipcios realizaron cuentas de loza vidriada, joyas, elegantes vasos, escarabajos y ushabtis (figurillas de sirvientes que eran enterradas con los muertos).



El Mediterráneo, Grecia y Roma
La cerámica de finales de la edad del bronce (1500-1050 a.C.) y principios de la edad del hierro (1050-750 a.C.) procedente de las islas del Mediterráneo y el Egeo, especialmente de Creta y Chipre, denota una gran imaginación por parte de los artistas, que pintaron en las piezas con dos colores, diseños geométricos, abstractos y figurativos. En algunos casos las formas eran muy imaginativas y sin función aparente y en otros se trata de vasijas muy delicadas destinadas a ungüentos y cosméticos.


Grecia
En la Grecia clásica la elaboración y pintura de la cerámica se consideraba un arte mayor. La gran ductilidad de la arcilla de la zona permitía trabajarla fácilmente al torno y cada una de las distintas piezas tenía un nombre y una función específicos en la vida social y ceremonial griega: las ánforas eran vasijas altas y con dos asas y se utilizaban para guardar vino, trigo, aceite o miel; la hidria era una jarra de tres patas para el agua; el lequito era un frasco para aceite con cuello largo y estrecho, destinado a las ofrendas funerarias; el kylix era una copa con pie y dos asas; la crátera era un cuenco grande en el que se mezclaban agua y vino. La cerámica negra sin decorar se utilizó durante todos los periodos griegos y helenísticos, y sus formas estaban influenciadas por las de la cerámica decorada o las piezas de metal. Los dos tipos influyeron en la cerámica romana.
En la edad del bronce, los griegos ya utilizaban hornos que permitían variar el grado de oxigenación para conseguir una barbotina negra y brillante sobre la pasta de color crema, marrón o naranja. La forma dependía del tipo de arcilla utilizado. Al principio los motivos decorativos eran abstractos, pero a mediados de la edad del bronce se empezaron a utilizar formas estilizadas tomadas de la naturaleza. A finales de esa época en Micenas, los alfareros, influidos en un principio por los cretenses, ya pintaban plantas, animales marinos y fantásticos en vasijas de formas muy logradas. Alrededor del año 1000 a.C. el estilo geométrico de Atenas reemplazaría al de Micenas para decaer en el siglo VI a.C. En el cementerio Dipylon de Atenas se han encontrado grandes cráteras, fechadas alrededor del año 750 a.C., con decoración geométrica y franjas dispuestas horizontalmente con guerreros y figuras procesionales.
Los alfareros del Ática introdujeron las figuras negras a comienzos del siglo VI. Estas figuras se pintaban en negro sobre el fondo rojo de la arcilla pulida. Los detalles se conseguían con líneas incisas sobre el negro y se añadían toques en blanco y rojo purpúreo para las vestimentas y para reproducir el color de la piel. Se continuaron representando procesiones y carros, animales reales y fantásticos (sobre todo en la fase de influencia oriental posterior al periodo geométrico), rodeados por motivos geométricos o vegetales. Esta decoración siempre estaba relacionada con la forma de la vasija y en ella pueden detectarse elementos iconográficos de la mitología griega. A comienzos del siglo VI la decoración se inclinó más por las formas humanas que por las de animales. Temas recurrentes son dioses y hombres realizando diversas actividades, batallas y banquetes; músicos, bodas y otras ceremonias y mujeres jugando o vistiéndose. En algunos casos se añaden los nombres de los héroes o de los hechos. Se utilizaron cada vez con más frecuencia escenas tomadas de la literatura y de la mitología y han podido identificarse los nombres de alfareros y pintores incluso en obras no firmadas.
Las figuras rojas aparecieron alrededor del 530 a.C. y se popularizaron entre el 510 y el 430 a.C. El fondo se rellenaba con pintura negra y las figuras quedaban silueteadas en la superficie roja original del fondo; los detalles de las figuras se pintaban en negro, lo cual permitía al artista una mayor libertad de dibujo. La pintura podía diluirse para conseguir modulaciones cromáticas. Colores secundarios del rojo y blanco se utilizaban muy poco y, a veces, los detalles de metal y joyería estaban hechos con oro. La anatomía fue cobrando realismo y después del 480 a.C. lo hicieron los gestos y las expresiones. Aunque los centros de producción de figuras rojas se hallaban en Atenas y Corinto, este estilo se extendió por todas las islas griegas. Sin embargo, la calidad de estas piezas empezó a decaer hacia el siglo IV a.C. Otro estilo que se dio en Grecia es el del dibujo lineal sobre fondo blanco al que se añadían colores que imitaban los de la pintura monumental, pero se hacía en vasijas que no servían para uso doméstico.



Roma
Los romanos sentían gran admiración por la loza pulida esmaltada en rojo, tal vez como reacción ante la cerámica negra griega y helenística. La técnica del esmaltado rojo se desarrolló en el Mediterráneo oriental a finales de la época helenística y consistía en sumergir la pieza en una suspensión de partículas muy finas de arcilla con alto contenido en sílice (que producía un brillo mayor al pulirse) y cocerla en un horno con mucha oxigenación. Las piezas se hacían con moldes de arcilla cuyas caras estaban estampadas y grabadas con una ruleta perforadora o a mano, con motivos decorativos repetidos o figuras que luego quedaban reproducidas en relieve sobre la superficie de la pieza. De ahí que esta técnica de moldeado y decoración tenga el nombre de terra sigillata (‘tierra estampada’). El término suele aplicarse por extensión a la arcilla en la que se sumergen las vasijas. Muchas de sus formas y diseños estaban inspirados en las obras en metal y cristal tallado. El principal centro de producción de esta cerámica era Arretium (el moderno Arezzo), por lo que la cerámica de calidad producida entre los siglos I a.C. y I d.C. se conoce como ‘arretina’. Muchas zonas del Imperio romano elaboraron cerámica arretina, aunque por lo general la calidad era menor cuanto más lejos de la capital estaban situados los centros productores. A partir del siglo I d.C. la de mejor calidad se produjo en el sur de la Galia.
La cerámica esmaltada en negro de los griegos también se extendió por el Imperio romano. En la provincia romana de Britania era similar a las obras de metal célticas. Algunas veces se perforaba la arcilla para crear un efecto punteado y otras se hacía la decoración con barbotina o pigmentos blancos. Los alfareros romanos también utilizaron el barniz de plomo, procedimiento que les permitía añadir óxidos de metal para obtener diferentes colores. Las piezas vidriadas al plomo fueron las más extendidas en la Europa medieval.


Cerámica árabe
Los primeros alfareros musulmanes de la época de la dinastía Omeya (661-750 d.C.) heredaron las tradiciones del Oriente Próximo: la de fritura con barniz de cuarzo verde y azul, conocida en Egipto desde la época de los romanos; la de barniz alcalino de Siria, Mesopotamia y Persia, conocida desde la época aqueménida (siglos VI al IV a.C.) y la cerámica de barniz de plomo de los romanos, que continuaron los alfareros bizantinos. Hubo tres oleadas sucesivas de influencia china que provocaron cambios en la cerámica árabe: la de la cerámica Tang entre los siglos IX y XI; la de la cerámica blanca de Song entre los siglos XII y XIV y la de la cerámica azul y blanca de Ming entre los siglos XV y XIX.


Estilos árabes medievales
En el siglo IX los califas de las dinastías Abasíes fomentaron la fabricación de imitaciones de la cerámica Tang con arcillas y barnices de la zona. Muy pronto los alfareros árabes desarrollaron estilos propios: primero hicieron una cerámica sin vidriar, decorada por moldeado, estampado o aplicación de relieves; después, una cerámica con diseños bajo cubierta y cuencos con barniz de plomo en un blanco opaco con flores e inscripciones pintadas y, finalmente, una cerámica lustrada, de reflejo dorado o loza dorada. La loza dorada se obtiene aplicando un barniz al estaño de un blanco opaco que, después de cocido, se pinta con pigmentos metálicos y se vuelve a cocer en un horno con poca oxigenación, lo que otorga a los diseños reflejos dorados de color rojo, bronce, verde lima y amarillo.
Cuando emigraron desde Irak hacia el mundo islámico occidental durante el siglo X, llevaron consigo la técnica de la loza dorada. Al igual que los barnices de estaño, ésta técnica tuvo influencia en Europa a través de la España musulmana. También se popularizó enormemente en el Egipto fatimí y en Persia.


Persia y Turquía
Durante la dinastía Selyúcida, que gobernó Persia, Irak, Asia Menor y Siria en los siglos XII y XIII, se desarrollaron varias técnicas para obtener sucedáneos de la porcelana, y las ciudades persas de Ray y Kasan se convirtieron en centros productores de estas piezas blancas. Otro magnífico ejemplo de la cerámica de la época Selyúcida es la mina’i, con esmalte sobre cubierta, que imita con gran delicadeza los manuscritos miniados. Desde la dominación mongola en el siglo XIII los alfareros de Kasan comenzaron a utilizar barnices verdes, influidos por los celadones chinos. En Persia aparecieron en el siglo IX los barnices azul cobalto, que después dejarían de utilizarse para reaparecer entre los siglos XIV y XVIII ante el auge de los objetos blancos y azules en China y Europa.
Iznik era el centro más importante de la cerámica turca. Las piezas pintadas en barbotina, de influencia persa y afgana, son anteriores a la conquista de la región por los otomanos. Entre 1490 y 1700 se realizaban en Iznik decoraciones pintadas sobre la pasta blanca de suave textura que se cubrían con un fino barniz transparente. En cuanto al color hay tres etapas: la del azul cobalto, la del turquesa y el púrpura y, finalmente, la del rojo.
De la época de la dinastía Safawí es la cerámica Kubachi, contemporánea de la de Iznik, que con toda probabilidad se realizaba en la zona noroeste de Persia y no en la ciudad de Kubachi, que es donde se encontró. Las piezas características son grandes platos policromados, pintados bajo la cubierta resquebrajada. La cerámica Gombroon, que se exportaba desde ese puerto del golfo Pérsico a Europa y el Extremo Oriente en los siglos XVI y XVII, presentaba decoración incisa sobre pasta de loza blanca traslúcida. La cerámica dorada de color cobre de Persia se puso de moda en el siglo XVII, al igual que la policromada.
En general, la cerámica islámica se hacía con moldes. Las formas eran de inspiración china o basadas en piezas metálicas. Además de la loza dorada, la creación musulmana más innovadora es la de la fabricación de azulejos para las mezquitas.


Europa hasta 1800
Durante el siglo XV el principal dentro de producción de cerámica fue España. Heredera de la tradición musulmana, sirvió como medio de difusión de las técnicas árabes al resto de Europa. Más adelante fueron cobrando importancia otros centros, principalmente Italia, Francia, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña.


Cerámica hispanomusulmana y de Talavera
La cerámica con barniz de estaño y la loza dorada de origen islámico se convirtieron en las cerámicas típicas de España desde el siglo XIII hasta el siglo XV.
En el siglo X surgió la primera cerámica vidriada europea con reflejos metálicos, la loza califal en Medinat-al-Zahara (Córdoba), con una decoración en la que se combinaban elementos orientales y autóctonos. A finales de este siglo se empezó a utilizar la técnica de cuerda seca, que consiste en perfilar los contornos del dibujo con una mezcla de grasa y manganeso, y así impedir que se mezclen los barnices de distintos colores. En el siglo XII aparece otro tipo de cerámica con una decoración esgrafiada sobre negro. Los principales centros de producción se localizan en Córdoba, Sevilla, Almería, Granada, Málaga, Murcia, Toledo, Valencia y Zaragoza. La culminación de la cerámica hispanomusulmana son las suntuosas piezas de reflejo metálico del reino de Granada.
La fama de la calidad de la cerámica hispanomusulmana, llamada también hispanomorisca, se extiende sobre todo a partir de los talleres de Málaga y de la localidad valenciana de Manises. En estos últimos se produce una cerámica más fina y unas composiciones más equilibradas. Hay que destacar también los centros de Palencia, Teruel (más popular) y Muel (Aragón). Las piezas hispanomoriscas que se hacían en Manises, se exportaban desde Mallorca y eso fue lo que hizo que los ceramistas italianos del renacimiento la denominaran mayólica.
Hasta el renacimiento la cerámica española continuó siendo de inspiración morisca, pero a partir del siglo XV empezó a instaurarse un gusto por lo italiano y más tarde por lo francés. Surge entonces la cerámica más característica de este periodo, que es la que se hace en Talavera, dedicada principalmente a los azulejos y zócalos y la del barrio sevillano de Triana, donde se fabricó el retablillo de la capilla del Alcázar de Sevilla, obra de Nicola Pisano. En el siglo XVI la cerámica de Talavera pierde parte de la gracia y espontaneidad que la caracterizaban, aumentan los temas realistas y el número de colores. Hay que destacar también en este periodo la cerámica vidriada que se produce en Cataluña famosa sobre todo por sus botes de farmacia.


Mayólica, Fayenza y Delft
En la mayólica, la pintura sobre barniz blanco dejó paso al amarillo, naranja, verde, turquesa, azul, marrón purpúreo y negro. Normalmente se añadía un barniz transparente sobre cubierta y la decoración podía ser incisa o moldeada en relieve. La mayólica realizada en Italia en los siglos XV y XVI tenía poco parecido con la española de la que había tomado el nombre. A partir de 1600 se denominó fayenza (del francés faïence) a una variante francesa de esta cerámica con barniz de estaño, así como a la cerámica que se producía en los siglos XVI y XVII en Francia y Bélgica con influencia de la mayólica. En Alemania, donde floreció hasta el siglo XVIII, también se conoce con el nombre de fayence. Cuando el centro de su fabricación se trasladó de Amberes a Delft a mediados del siglo XVII, comenzó a usarse la denominación de Delft incluso para la versión inglesa. La cerámica de Delft inglesa se hizo en Londres, Liverpool, Bristol y Dublín hasta que fue reemplazada en la década de 1770 por la loza fina.
Las piezas con barniz de estaño continuaron haciéndose en Europa hasta comienzos del siglo XIX. Se tomaba la pieza en su estado biscuit y se sumergía en un barniz con base de plomo al que se le añadía óxido de estaño (que blanqueaba y daba opacidad), lo cual producía un blanco muy denso que ocultaba totalmente el color de la pasta de arcilla, proporcionando una superficie en la que podía pintarse cualquier color vidriado a las temperaturas entre moderadas y altas que requiere la loza. En la loza dorada que se hacía en España se utilizaba oro y plata, que se aplicaban sobre el barniz ya cocido y se sometían a una segunda cocción a baja temperatura y con una combustión pobre en oxígeno. En el siglo XVIII, sobre el barniz de estaño ya cocido se aplicaba esmalte y se volvía a cocer la pieza en un horno de mufla. En este siglo comienza en España el declive de la cerámica de Talavera y adquiere una gran fama el centro de Alcora (Valencia) que produce una cerámica de estilo afrancesado, muy bella y refinada.
Los esfuerzos por imitar la porcelana Ming, que había inundado los mercados europeos durante la primera mitad del siglo XVII, dieron paso a la edad de oro de la cerámica de Delft (1630-1700). Las piezas se hicieron más finas y la decoración más delicada. Se introdujo la ornamentación con líneas de color púrpura de manganeso sobre la arcilla antes de que alcanzara el estado biscuit, a continuación se aplicaba un azul bajo cubierta y finalmente un barniz de plomo y estaño. Delft fabricó azulejos, platos, jarras y jarrones y sus piezas características fueron imitadas incluso por los chinos.


Gres y loza con vidriado de plomo
El gres europeo se desarrolló en Alemania a finales del siglo XIV. Llevaba un barniz a la sal (un álcali). Durante la cocción se echaba en el horno sal común y el sodio de la sal formaba una capa vidriada sobre la superficie de la pieza. Las piezas de Hafner, loza con vidriado de plomo, tuvieron mucho éxito en los siglos XVI y XVII. Se trataba de vasijas que imitaban las jarras de metal y las de cerveza. La loza tradicional inglesa estaba decorada con barbotina y vidriado de plomo, al igual que la cerámica que utilizaban los campesinos europeos y que la introdujeron en América.
El gres inglés no comenzó a fabricarse a gran escala hasta finales del siglo XVII. Las mejores piezas en gres con barniz a la sal de color blanco de Staffordshire se realizaron entre 1720 y 1760. En este año también se hizo loza fina con vidriado de plomo de gran difusión, fabricada con arcilla blanca de Devonshire mezclada con pedernal calcinado. En 1754 el ceramista inglés Josiah Wedgwood comenzó a realizar experimentos con loza fina coloreada. Aunque abrió una fábrica propia, trabajó a menudo con otros ceramistas que hacían decoración calcada, introducida en la década de 1750 por la Worcester Porcelain Company. También produjo gres rojo y objetos en basalto, un gres negro sin vitrificar, y jaspes hechos con un gres blanco coloreado por adición de óxidos metálicos. Los jaspes solían estar decorados con retratos en relieve de color blanco o con escenas tomadas de la Grecia clásica. Sin embargo, la mayor contribución de Wegdwood a la cerámica europea fue la loza perlada, una loza fina con reflejos azul pálido en su vitrificado.


Siglos XIX y XX
Durante el siglo XIX se popularizaron en Inglaterra y en el continente europeo los objetos con decoración calcada producidos en serie a bajo precio al igual que los que llevaban decoración en relieve. Esos objetos, junto con las piezas vidriadas en pardo de manganeso de Rockingham fabricadas en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, se extendieron a Estados Unidos, donde se hicieron tan populares como la cerámica de Nueva Jersey y Ohio. Los objetos producidos en serie fueron desplazando poco a poco a la cerámica popular estadounidense, que era de un gres fuerte con barniz a la sal. En España durante el siglo XIX se produce una cerámica que también recurre a las imitaciones de temas antiguos y mitológicos. Destacan la fábrica del Buen Retiro en Madrid, la de Sargadelos en Galicia, fundada en 1791, que produjo loza fina estampada y porcelana de una gran calidad, así como La Cartuja de Sevilla, que bajo la dirección de maestros ingleses también se especializó en la producción de loza estampada.
La cerámica industrial posterior a 1860 era de una gran calidad. El Art Nouveau, la Exposición Universal de París de 1900 y la Bauhaus durante la década de 1920 ejercieron una gran influencia en el diseño de la cerámica industrial.
El ceramista artesano con su creación individual ha sido igual de importante para la historia de la cerámica moderna que el ceramista industrial. El movimiento Arts & Crafts inglés ejerció gran influencia a partir de 1861, al igual que el gres vitrificado a la sal de las fábricas Doulton de Lambeth a partir de 1871. Algunos de los ceramistas más famosos de la época moderna son el británico Bernard Lecah, formado en Japón y el español J. Llorens Artigas, que despojó al gres de toda decoración. Junto al pintor Joan Miró realizó los murales cerámicos para la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París y para la Universidad de Harvard. Las producciones más recientes se caracterizan por la primacía de la forma y de la materia, inspiradas en el arte popular.